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EL MONÓLOGO DE ALSINA

El fiscal Horrach despliega treinta folios a modo de escudo anti misiles, o anti pedradas

  • Carlos Alsina | @carlos__alsina |
  • Madrid |
  •  | Actualizado el 14/11/2013 a las 20:17 horas

Les voy a decir una cosa.

Aunque de primero se apellida Horrach, de segundo -desde hoy y con permiso de la familia materna- debería apellidarse Bugliosi.

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El monólogo de Alsina: El fiscal Horrach despliega treinta folios a modo de escudo anti misiles, o anti pedradas
El fiscal anticorrupción Pedro Horrach El fiscal anticorrupción Pedro Horrach | Foto: EFE

Ignoro si el fiscal anticorrupción de Mallorca -fiscal del caso Urdangarín- conoce a su colega nacido en Minnesota, pero el preámbulo de su informe de hoy, entregado al juzgado, tiene el mismo espíritu que el prólogo que Vincent Bugliosi escribió a su monumental libro sobre el asesinato de Kennedy. Este fiscal norteamericano se autoimpuso, por afición y por deformación profesional, convencer a la opinión pública de que no era cierto que “el sistema”, las instituciones del país, hubieran conspirado para encubrir la verdad de aquel crimen y salvar la cara a los “verdaderos culpables”.

La investigación oficial había exonerado a la CIA, al FBI y, naturalmente, a Lyndon Johnson. ¡Le están protegiendo!, proclamaban los críticos, ¡no le llaman a declarar, no investigan su papel, no se dan cuenta de que él fue el principal beneficiado! El fiscal Bugliosi decidió hacer memoria y explicar a los ciudadanos cuál fue el papel de cada uno y por qué no había razones, en su opinión, para acusar de nada a doña Cristina, digo a Johnson. En el prólogo explica cuál cree que es la razón de que se hayan escrito más libros sobre el supuesto encubrimiento que sobre la investigación que, en realidad, se hizo: sencillo, el complot vende más. La intriga y la maquinación son mejores argumentos que la simple exposición de argumentos sólo jurídicos o puramente técnicos. Y lo natural es sentirse inclinado a creer en la tesis conspiratoria sobre todo si nadie se ha ocupado de ofrecer, con cierto atractivo, una tesis alternativa.

Pedro Horrach, fiscal del caso Noos, con fama de no callarse nada, llamar a las cosas por su nombre y mantener una saludable independencia de criterio, ha dedicado hoy treinta folios a ese empeño: el de explicar sus decisiones, explicar el trabajo de la Agencia Tributaria y rebatir las críticas que hizo, en su día, la Audiencia Provincial a las lagunas que decía ver en el informe que había elaborado Hacienda. Lo explicamos entonces y seguro que se acuerdan: la Audiencia (los jueces) sugerían que la Agencia Tributaria había puesto poco celo en su trabajo al pasar por alto factores relevantes para el caso, principalmente que Cristina de Borbón es propietaria del 50% de la empresa Aizoon, utilizada por Urdangarín para ingresar dinero procedente de los contratos públicos que obtenía el Instituto Noos y utilizada también para pagar facturas domésticas del matrimonio. La Audiencia, que dejaba la imputación de la infanta en suspenso, animaba al juez de instrucción a cavar un poco más en esa línea y reclamarle a Hacienda un informe más completo que cubriera estas aparentes lagunas.

Hoy, en su informe, el fiscal considera oportuno dar la réplica a las críticas de los jueces y recordar que fue la Agencia Tributaria, los inspectores de Hacienda, quienes iniciaron la investigación sobre Noos poniendo en manos de la fiscalía anticorrupción sus sospechas de fraude. Pero la intención del fiscal Horrach va más allá. No se trata sólo de explicar lo que se hizo, sino de explicar también lo que no va a hacer. La decisión concreta que anuncia hoy la fiscalía es que no pedirá la imputación de la infanta. Y lo que hace, sabiendo que le van a llover piedras por no proceder contra doña Cristina, lo que hace es abrir el paraguas.

Desplegar treinta folios a modo de escudo anti misiles, o anti pedradas. Anticiparse no sólo a la decisión del juez Castro sobre imputar o no imputar, sino a los titulares de prensa, los comentarios en tertulia, contrarios a la decisión que es fácil intuir por dónde van a ir: la fiscalía extiende su manto protector sobre la infanta, Hacienda y el fiscal la salvan.

El fiscal Horrach tiene buena pluma y buena labia. Sabe hacer frases y sabe colocarlas. De viva voz, en las vistas judiciales, y también por escrito, como hoy demuestra (si acaso, pero es pecado venial, con manifiesto abuso de la negrita). Empieza con una frase: “la memoria es frágil”; concluye con otra: si nada hay, nada se puede contar”. Entre medias reivindica a Hacienda y a sí mismo: “es irracional -dice- que quien inicia una investigación sea acusado después de ocultar o encubrir la misma. Especular con confabulaciones delictivas dirigidas a la protección de determinadas personas por la posición que tienen es vender humo”.

Su tesis –porque tiene tesis, aunque casi nadie se haya molestado hoy en explicarla-, en resumen, es la siguiente: por supuesto que Noos y Aizoon venían a ser un mismo invento. Noos les servía a Urdangarin y Diego Torres para sacarle dinero a las administraciones públicas, ése era su objetivo y sólo ese. Obtenido el dinero, se lo repartían: Urdangarín cobraba su parte a través (o camuflado) en una sociedad para pagar menos impuestos, Aizoon; Torres usaba otra empresa, Shiriamasu, para lo mismo. Hasta aquí, todo el mundo está de acuerdo. Ahora viene el motivo de disputa: si Aizoon era una empresa de cartón piedra cuya finalidad era pagar menos impuestos, y dado que Cristina de Borbón es socia al 50% de esa firma, ¿toda irregularidad en la que haya incurrido Aizoon es responsabilidad -cabe imputársela- a los dos socios?

El fiscal Horrach anticipa su criterio: “no”. Lo que corresponde, dice -en línea con lo que dijo también la Audiencia- es levantar el velo societario, es decir, aclarar qué había, en realidad, bajo la marca Aizoon. Pero tal como él lo ve, levantar el velo significa precisamente esclarecer de quien era el dinero que entraba, a quien beneficiaba fiscalmente y quién decidía cómo se hacían las cosas. Y a las tres preguntas responde con un solo nombre: Urdangarín. Sí, la infanta es copropietaria, pero como hemos dicho que vamos a levantar el velo, es decir, como hemos quedado en que toda la estructura de empresa es una mera apariencia, o relevante es saber cómo funcionaba eso de verdad. Frase resumen que emplea el fiscal: “si no hay sociedad, no hay socios”.

El esfuerzo de Horrach por explicarse no le va evitar que muchos interpreten su decisión de no pedir imputación como un favor a la Corona y este escrito de hoy como una operacion camuflaje. Porque, al final, el ministerio fiscal se rige por el principio de jerarquía. Horrach tiene un jefe que se llama Torres Dulce y al que nunca se le ha visto muy predispuesto a imputar a la infanta. Mucho menos a contribuir a verla sentada en un banquillo. De Hacienda, que también tiene superiores políticos, cabe decir lo mismo.

Se agradece el esfuerzo explicativo del fiscal anticorrupción en tiempos de tormentas diarias sobre fiscales, jueces y tribunales. “Los jueces sólo hablan en sus autos y sentencias”, suele decirse. Es cierto, pero no estaría de más que acompañaran sus decisiones más controvertidas --aquellas que saben que generarán polémica-- de una explicación en lenguaje llano para los no versados en textos jurídicos. Porque tan importante como acertar en los criterios que uno aplica es explicarlo de manera que se entienda.

En un país, como éste, en el que lo primero que nos sale a todos es emitir opinión -o exabrupto- sobre la sentencia que acaba de conocerse sin esperar a saber lo que ésta, no estaría de más dedicar algún tiempo a eso que ahora se llama, cursimente, “hacer pedagogía”. Los jueces dirán: para eso están ustedes, los periodistas, ¿no?, para explicar bien las cosas. Pues por eso van a tener ustedes, los jueces, que asumir esa tarea, porque los medios (en general) le hemos cogido tanto gusto a la opinión que se nos ha olvidado que antes es conveniente explicar sobre qué exactamente estamos opinando.

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Carlos Alsina
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