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El monólogo de Alsina

La forma de presentar la información evoluciona

  • ondacero.es |
  • Madrid |
  •  | Actualizado el 30/09/2013 a las 20:13 horas

Les voy a decir una cosa.

Cuando Masahiro Hara presentó en 1994 el nuevo sistema de etiquetado que habían desarrollado otro ingeniero y él mismo para identificar repuestos de automóvil en una compañía proveedora de Toyota, la Denso Wave, no alcanzó, seguro, a sospechar que casi veinte años después un ministro sonriente, encorbatado en amarillo, sostendría orgulloso ante la prensa su criatura.

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El monólogo de Alsina: La forma de presentar la información evoluciona
Captura código QR laSexta | Foto: laSexta

Aquí lo llamamos código de puntos y lo tenemos por el último grito en tecnología de vanguardia (empieza a ser frecuente verlo en los aeropuertos o en algunos multicines, cuando el cliente muestra el código que le ha enviado su compañía aérea o la empresa de los cines al teléfono móvil para pasarlo por un lector y voilá, sustituye a la tarjeta de embarque en papel, o a la entrada numerada, hay que ver cómo está cambiando el mundo, oiga), pero en realidad se llama código de respuesta rápida (QR) y los japoneses como podrá comprobar Rajoy si se anima a hacer la compra, a lo Merkel, en un supermercado de Tokio, lo utilizan desde hace unos cuantos años. Montoro empezó el año pasado.

De la furgonetilla aquélla que llegaba al Congreso con los tomos de los Presupuestos en papel se pasó al CDROM, del CDROM se pasó al pendrive y del pendrive hemos pasado al código QR. Oye, con la misma satisfacción con que Solbes o Salgado se retrataron junto al presidente del Congreso de turno sosteniendo en sus dedos una memoria USB, Montoro se ha vuelto a retratar hoy con su código de puntos. Mi tesoro. En realidad el código, como sabemos, lo que tiene dentro es una dirección web, o sea, la ruta para acceder a esa información, almacenada en los servidores del ministerio de Hacienda. Pero nadie se hace una foto con una URL, ¿verdad? Bueno, casi nadie se hace tampoco una foto con un código QR agigantado, es un privilegio reservado a ministros que entregan enlaces web al congreso. La forma de presentar la información evoluciona (estos son tiempos de clouding, de nube), pero el contenido de la misma sigue respondiendo al esquema presupuestario de siempre: “esto es lo que esperamos ingresar, en esto en lo que nos lo vamos a gastar”.

Cuando ambas columnas coinciden, Angela Merkel zapatea porque se obtiene lo que antes se llamaba equilibrio, ahora se llama déficit cero y ella prefiere llamar regla de oro. Cuando la columna de los gastos es más gorda que la de los ingresos, ah, entonces es que tenemos déficit a la vista. En concreto, y para 2014, del 5,8 % del PIB, el máximo que nos tiene permitido Bruselas. Si nos dejaran tener más, tendríamos más. ¿Por qué? Porque aún estamos saliendo de la recesión, porque todos los cálculos que, para la zona euro, se habían hecho en 2011 se revelaron erróneos (la recuperación se ha ido retrasando y retrasando) y, en esas circunstancias económicas, dejar el déficit a cero se ha ido aplazando también cada vez más porque en lugar de ayudar a salir del hoyo (sostienen muchos analistas, no todos) nos lo estaba complicando. Déficit, por tanto, para 2014 (el año en el que allá por 2011 nos decían que ya estaríamos alcanzando el equilibrio): 5,8 %. Lo que significa que aunque hayamos escuchado a Rajoy tropecientos millones de veces (la última el miércoles pasado) decir que “no se puede gastar lo que no se tiene”, en realidad él mismo lo va a seguir haciendo el próximo año. Claro que se puede gastar más de lo que uno tiene. En eso consiste el crédito, también llamado endeudamiento. Y aunque ahora está bastante satanizado, es un motor clásico del desarrollo de los pueblos. La señora que gana unas perras cosiendo en su aldea de Bangladesh tardaría años en ahorrar lo suficiente para comprarse una máquina, pero si alguien le presta para comprársela la semana que viene ya está cosiendo más y ganando más, el microcrédito en el que se especializó un banquero, premio Príncipe de Asturias, llamado Yunus. El problema no es endeudarse, sino hacerlo en tal proporción que comprometas tu capacidad de crecer precisamente por lo entrampado que estás. Cuanto más parte de tu renta tengas que dedicar a pagar los créditos, menos te queda para todo lo demás. Qué te voy a contar a ti que te metiste en una hipoteca que te tiene asfixiado, cuántas veces has deseado en estos años haber pedido una menos cuantiosa, más barata.

En estos cinco últimos años, años de crisis, hemos asistido a este debate sobre cómo de grave o de peligroso era que se incrementara la deuda. Los partidarios del ajuste rápido veían cómo iba aumentando la deuda y se llevaban las manos a la cabeza. Le decían al gobierno de turno: apáñese usted con menos dinero (recorte gasto) en lugar de cargar las espaldas de nuestros hijos y nuestros nietos. Mientras que los partidarios de aflojar con los recortes lo que decían era: respete usted el estado del bienestar y estimule la actividad económica, es decir, invierta. “Pero si no tenemos dinero”, decía el gobierno de turno. Pues si no lo tiene, lo obtiene. Hay dos vías tradicionales: una, recaudar más impuestos; dos, pedir prestado, endeudarse. Y las dos vías se han utilizado: subida de impuestos e incremento de la deuda. Pero además, ha habido recortes de prestaciones y servicios. Muy honda está siendo esta crisis (que dura ya cinco años) porque con un gobierno socialista y un gobierno conservador nos ha tocado digerir juntas estas tres cosas: recorte de servicios públicos, aumento de impuestos y aumento de la deuda. A lo que los gobiernos dicen: de no haber hecho las tres cosas, aún estaríamos peor. Hipótesis de imposible ratificación o desmentido porque sólo conocemos las cosas que suceden, no las que habrían sucedido de haber sido las cosas distintas. Para 2014, los impuestos no subirán porque ya los subieron, si acaso lo relevante es que se retrasa un año su bajada; el salario de los funcionarios se congela de nuevo (en la empresa privada la estimación es que también) y las pensiones suben un 0,25 %, el mínimo que, por ley, se ha autoimpuesto el gobierno (sólo si la inflación es inferior a ese cuarto de punto salvarán los pensionistas su poder adquisitivo); y la deuda pública rozará el 100 por 100 del PIB.

Esto, que en otros tiempos habría puesto el país patas arriba, hoy se considera “asimilable”, así lo ha dicho el gobierno, porque aunque tenemos más dinero prestado nos están cobrando menos interés que antes por prestárnoslo. El coste de financiarnos es lo que más ha mejorado en estos últimos meses (insiste en ello siempre De Guindos y no le falta razón para hacerlo): el mantenimiento de esa tendencia dependerá del crédito que los presupuestos cosechen entre los inversores y de cómo discurra políticamente la zona euro. Que Merkel gobierne sin problemas Alemania o que Rajoy tenga aquí mayoría absoluta contribuye a generar estabilidad, pero el euro es cosa de más países y más gobiernos. Por ejemplo el de Portugal, que acaba de pegarse un tortazo en las municipales, o por ejemplo, de Italia, donde el gobierno de coalición que forjó Enrico Letta naufraga. En España sentó muy mal que Mario Monti dijera en marzo que estábamos dando motivos de preocupación a Europa porque subían, entendía él que por nuestra culpa, los tipos de interés de la deuda. Cabe pensar que hoy a Letta no le habrá sentado bien que haya sido Rajoy quien haya urgido a Italia a resolver ya sus problemas.

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Carlos Alsina
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