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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Hoy no han detenido a ningún cargo público por corrupción

  • Carlos Alsina | @carlos__alsina |
  • Valladolid |
  •  | Actualizado el 13/11/2014 a las 20:50 horas

Les voy a decir una cosa.

Hoy no han detenido a ningún cargo público por corrupción. Ésta es la noticia. Hoy la estrella del día, como ya sabrán, es una pareja con título de película, dos hombres y un destino: Manuel Chaves-José Antonio Griñán.Investigados desde hoy por el Tribunal Supremo.

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El monólogo de Alsina: Hoy no han detenido a ningún cargo público por corrupción
Carlos Alsina en Valladolid Carlos Alsina en Valladolid | Foto: ‏@ocvalladolid

Investigados. Puede parecer una mala noticia para ellos pero no lo es: prefieren estar en manos del Supremo que de esa juez que se llama Alaya y que estaba, ere que ere, empeñada en ser ella quien lo investigara todo. Investigados sí, aunque aún no se les acusa formalmente de nada. Pero detenciones, lo que se dice detenciones, hoy, por corrupción, no ha habido.

Que sepamos. Aquí tampoco, ¿no? Aquí es Valladolid. Estamos en Valladolid Cuna de reyes, de literatos, de artistas, de trabajadores de la FASA, cuna del vino y cuna de Sorayas.

El martes estuvo aquí el juez Eloy Velasco, instructor de la Púnica, y se echó la clase política a temblar. ¿A por quién viene?

Imagina el mal rato que pasa el cargo público en su despacho, la secretaria que le dice “señor, tiene usted una visita”, y le entran el sudor, temblores. Como en el chiste “¿seré yo, señor, seré yo?”.

A los conductores también nos pasa. ¿Cuántos sois conductores? Cuando vas por la autovía y por el retrovisor ves a la guardia civil acercándose. “Que no sea yo, que no sea yo”. Reduciendo la velocidad, a cien por la autovía, a noventa, a ochenta, a sesenta por la autovía; los guardias que te adelantan, contienes el aliento, “que no me miren, que no me miren”, te pones rígido, mirando de reojo...uff, cuando siguen su camino sin ponerte las luces ni nada. Pues así es ahora la vida de los cargos públicos: cuando llega esta hora y se van para casa dicen: uff, hoy tampoco me ha tocado.

Dices: hombre, el que no haya hecho nada ilegal no tiene nada que temer. Ya, pero el miedo es contagioso. Hemos pasado de la psicosis por el ébola a la psicosis por la tómbola: a quien le toca hoy.

A los agentes de la UCO les han dado cursillos para ponerse y quitarse el traje de plástico. Porque tienen que entrar en despachos municipales, peligro, zona de contagio. Traje de protección nivel cuatro. Mascarilla, capucha y doble juego de guantes. Tienen que hacer el examen de los contratos y las adjudicaciones en un habitáculo hermético y con una segunda persona fuera que les va dando instrucciones: coge la hoja por la esquina inferior derecha y desplázala con mucho cuidado. Más despacio, que salpica.

Es un trabajo ingrato porque estás todo el día metido en el fango. Esa peste que se llevan a casa. Que es entrar por la puerta y apartarse los hijos. “Vaya, papá, otra vez has tenido macrorredada”. Ni siendo pocero verías tantas aguas fecales.

Anteayer la gente veía al juez Velasco por la calle y le decían: que no es aquí, no es aquí, ¡que es en León! La vieja rivalidad entre pucelanos y leoneses. Y entre salmantinos y pucelanos. Y palentinos y pucelanos. Y burgaleses y pucelanos. O son ustedes muy envidiados o son muy competitivos. Estamos en Valladolid, en el auditorio Miguel Delibes, sala de teatro experimental.

Excepcionalmente hoy se hace aquí un programa de radio porque lo que aquí se hace normalmente es teatro, como en el Parlamento. Sé que la mayoría de ustedes venían, en realidad, a ver el concierto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León con el maestro Leopold Hager, era en otra sala, lo siento, hemos puesto mal las indicaciones a propósito para que vinieran ustedes a esta y ahora que están ustedes ya aquí, como han podido comprobar, las puertas estás cerradas por fuera y no es posible salir hasta las doce de la noche. Como siempre, gracias por su fidelidad.

Éste es un programa influyente, es un foco diario de atención, y por eso se encuentra entre el público el pequeño Nicolás. No, no te vamos a pedir que te pongas de pie porque sabemos que eres un chaval discreto al que no le gusta darse importancia. A él no le gusta presumir, pero es la única persona que ha conseguido hacerse un selfie con la sonda Rosetta, justo llegando al cometa. Es broma.

Hemos tenido que mandar la sonda a quinientos millones de kilómetros para que no aparezca el pequeño Nicolás en las fotos. Habréis visto que, desde ayer, los periodistas no hacemos más que preguntar a los científicos para qué sirve un viaje como éste. Subráyese este aspecto: los científicos, a diferencia de los diputados, sí tienen que justificar los viajes. Con lo a gusto que se debe de estar allí arriba, posado en tu cometa, viendo la inmensidad del espacio, en silencio, sin escuchar todo el tiempo a Artur Mas diciendo que quiere un referéndum. Qué descanso.

¿No tenéis la sensación de que, últimamente, hagas lo que hagas, siempre acabas viendo en algún sitio a Artur Mas? Despertad: no es una sensación. Es una pesadilla. Pones el telediario y sale Mas. Pones a Evole el domingo y ahí está Mas. Sales a la calle y te está esperando Artur Mas. Vas al Campo Grande y ¿quién está allí? Oh no, Artur Mas. Estás en Parquesol aprendiendo a arrancar en cuesta y...¡Artur Mas! Ves a un tipo en una moto cantando la puerta de Alcalá, se quita el casco y es...Artur Mas. (Éstas son bromas locales, de la singularidad vallisoletana, que también existe. El hecho diferencial. En Barcelona tienen a Monserrat Caballé, aquí tenéis al de la moto).

Rajoy también debe de estar cansado ya del tema, de Artur Mas, porque se ha ido a Australia. No es el cometa Chury pero cerca tampoco cae. Diecisiete mil kilómetros. En clase turista este vuelo se hace interminable (es un día de viaje). Y en avión presidencial, también, aunque te cunde más el tiempo o que puedes ir trabajando.

A ver, eres el presidente del gobierno y vas a la cumbre del G-20, nada menos. Aprovechas para ir estudiando los papeles, preparando tu intervención, repasando los indicadores de la economía mundial, los discursos recientes de tus colegas jefes de gobierno, aprendiendo un poco de Australia por si te preguntan. Y entonces aterriza el avión, estás tú allí, en Brisbane para la súper cumbre económica, y lo primero que te preguntan los periodistas es: “que dice Artur Mas que es usted muy poco demócrata por no dejarle hacer su reférendum, ¿qué tiene que responderle?” Poneos en la piel de Rajoy: a diecisiete mil kilómetros de distancia, con Obama, con Putin, con el sumsum corda, y lo que te preguntan es...por Artur Mas. Normal que digas “quién me mandaría a mí ser presidente de gobierno, con lo bien que estaba de presidente de la diputación de Pontevedra”.

Esta reunión del G-20, como sabéis, empieza el sábado y consiste en que se juntan los gobernantes de los países más industrializados del mundo y de los llamados países emergentes para intercambiar impresiones. Es una vez al año y España, como también sabéis, ni está entre los más industrializados ni está entre los emergentes. ¿Y entonces por qué vamos? Ah, porque nos invitan.

Desde que Zapatero consiguió que le prestaran una silla, año 2008, hemos hecho como que es nuestra ya para siempre y nadie se ha quejado. Así que allí vamos. A aprender y, según dice el palacio de la Moncloa, atención, a que aprendan de nosotros. Porque, según el gobierno, los 20 tienen un enorme interés en saber cómo ha sido capaz España de hacer tantas reformas y tan bien hechas.

Impresionados están por el reformismo del gobierno, según el gobierno. Y por eso Rajoy, más que una pequeña intervención, lo que va a dar es una lección magistral. No es por aguar la euforia de los portavoces gubernamentales, pero con estos arrebatos de autoestima hay que tener cuidado: la última vez que pasó esto, cuando fue nuestro gobierno a un G-20 a dar lecciones, fue en aquel año 2008, cumbre Washington.

A Zapatero lo invitaron porque el sistema financiero de medio mundo se estaba yendo a tomar viento pero la banca en España, según nuestro gobierno de entonces, era una roca inmune a aquel terremoto. “Quieren saber cómo supervisamos los bancos y las cajas para aprender de nuestra solidez y nuestra solvencia”, nos dijeron.

Dos años después quebró la Caja de Castilla la Mancha y empezó el baile de duelos y quebrantos. Tuvimos que pedir prestado para rescatar entidades y pasamos de ser el asombro del mundo a la mayor de las preocupaciones europeas. Ojo con el autobombo que lo carga el diablo.

Pues con Rajoy camino de Australia, con Artur Mas en lo de siempre y con el centro cultural Miguel Delibes convertido hoy en referente de la cultura y el patrimonio cultural (no porque estemos nosotros aquí, sino porque se celebra aquí la bienal de la Feria ARPA) iniciamos esta brújula de hoy.

Buenas tardes, Valladolid, gracias por haber venido

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Carlos Alsina
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