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El monólogo de Alsina

García Margallo ha entusiasmado a independentistas, nacionalistas y mediopensionistas

  • Carlos Alsina | @carlos__alsina |
  • Madrid |
  •  | Actualizado el 16/09/2014 a las 20:11 horas

Les voy a decir una cosa.

Qué piensa aportar España a la coalición internacional contra el yihadismo no es capaz de concretarlo aún el ministro Margallo, pero los instrumentos en manos del gobierno para impedir la consulta catalana sí es capaz de concretarlos todos. Uno por uno y empezando por el innombrable: la suspensión de la autonomía, a lo Tony Blair en el Uslter (siempre tiene más eco el palo que la zanahoria).

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El monólogo de Alsina: García Margallo ha entusiasmado a independentistas, nacionalistas y mediopensionistas
José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores | Foto: EFE

Consolidado en su cargo de ministro de asuntos catalanes, García Margallo ha entusiasmado hoy a independentistas, nacionalistas y mediopensionistas al admitir que entre las competencias de que dispone el gobierno central está la suspensión temporal de la autonomía.

Fue enterarse de lo que había dicho el ministro y hacerle la ola, en la intimidad, Pilar Rahola. ¡Petróleo para sus proclamas vehementes! Sólo falta que algún tertuliano muy de derechas diga en una televisión que el Ejército está para garantizar la unidad de España para que el independentismo (y sus alrededores) vuelvan con la matraca de que en Madrid ya se escucha el motor de los tanques, listos para tomar la Diagonal mientras Artur Mas emula al chino aquel de las bolsas. ¡La suspensión de la autonomía, el artículo 155 de la Constitución, el gobierno central asumiendo el mando de una comunidad autónoma! Y como dijo Margallo “todo lo que permite la ley”, tal vez estaba pensando también en el 116, apartado cuarto, ¡el estado de sitio! A las trincheras, catalanes, que viene el ministro.

Como entretenimiento, o práctica académica sobre derecho constitucional, puede echar uno la tarde hablando de lo que dicen, o dejan de decir, los artículos. Pero a ninguno de ellos va a tener que recurrir el gobierno porque la consulta que está todo el día en boca de políticos y periodistas quedará convocada y suspendida -visto y no visto- en el plazo de unas pocas horas a partir del mediodía de este viernes. El president firma el decreto que la convoca, el gobierno firma el recurso que la paraliza y para la próxima semana el escenario ya es otro. Que no incluye ni tanques ni suspensión de autonomía porque las urnas que abrirá Mas no serán las del referéndum sino las de las elecciones autonómicas. Ésa sí es una potestad suya que nadie le discute: disolver el parlamento y convocar a los votantes (mayores de 18 años) a las urnas.

Hoy muchos comentaristas, tras escuchar ayer al president en ese parlamento, sostienen ha empezado, por fin, a enseñar sus cartas. “Ya se van descifrando sus planes”, dicen, como si esto fuera el código Da Vinci o hiciera falta, para seguir la trama, una máquina enigma. La peripecia del proceso soberanista y su profeta está muy sobrevalorada en su condición de película de intriga. A todos nos gusta ponerle un poco de suspense a los relatos, pero hombre, el guion de Artur Mas nunca ha alcanzado la categoría de thriller psicológico. Es cierto que se empeña mucho en no concretar cómo serán los episodios próximos, pero eso es sólo porque, como buen aficionado a los seriales, odia, seguro, los spoilers. Esta historia de la consulta y el día siguiente no es Rubicón, no es Le Carré. Artur Mas no es un moái de la isla de pascua -qué gran enigma, cómo habrá llegado hasta aquí, qué significará, por qué tendrá esa cara-. Es, más bien, como una contraseña de Jennifer Lawrence, ¿no?, a poco que te fijes en las preguntas y sus respuestas puedes anticipar sus próximos pasos. Los suyos, claro -y esto va a ser lo más interesante ahora-, los suyos, no los del resto de la humanidad política que le rodea y de cuyas intenciones él no termina de fiarse. El objetivo, lo venimos contando, es hacer un juego de manos, un abracadabra, que convierta una papeleta con un montón de nombres en un papeleta con sólo dos palabras: sí sí. Convertir la lista electoral de candidatos a diputado autonómico en la respuesta a la pregunta que se pretendía plantear en noviembre: “¿Cataluña Estado, e independiente?” En un desliz que cometió esta mañana, y que rápidamente corrigió, Artur Mas llegó a decir que en este momento sólo tiene una preocupación: que la respuesta en las urnas sea un hecho incuestionable (“bueno, tengo más preocupaciones, claro”, matizó luego, acordándose de pronto de que un presidente autonómico debe fijarse también en otras menudencias, el paro, los servicios públicos, el bienestar de los ciudadanos). Cómo hacer del pañuelo paloma es el capítulo en el que ya está el líder de Convergencia, que requiere, para que la mutación prospere, del concurso de su compañero de viaje, Esquerra. Y es ahí donde hoy el asunto no está ni decidido ni claro.

Si Mas ha hecho del “votaremos” el estribillo de su reiterativo discurso, Junqueras tiene su propio mantra. Se llama “blindar la consulta”. “Estamos dispuestos a entrar en el gobierno si es para blindar la consulta”, ha dicho no menos de veinte veces -o veinte mil- en las últimas semanas, la última de ellas esta mañana. Con la ventaja, para él, de que nadie hasta hoy le había preguntado qué diablos quiere decir con lo de blindar. Quién se animó a pedirle la traducción simultánea fue Artur Mas: “oiga, el concepto de blindar ya me lo explicará”, le dijo. A lo que Junqueras respondió con esta explicación que despeja todas las dudas. Verán: “blindar es hacer una transfusión de roca granítica en la figura de porcelana”. Entendido, ¿no?, el discurso berroqueño. ¿Mande? Lo de la figura de porcelana es una de las imágenes que gusta de utilizar Mas cada vez que reclama la unidad de los promotores de la consulta: la gente nos pide que mantengamos el consenso, porque sabe que es frágil como ¡una figura de porcelana! Blindar la consulta debe de significar, por tanto, fortalecer el consenso celebrándola. Pero el plan de Mas, como sabemos, no es ése. El plan es, si acaso, dar entrada en el gobierno a los partidos partidarios de la consulta pero sólo para, desde el gobierno, disolver el parlamento, convocar elecciones anticipadas y gobernar juntos un par de meses mientras se hace campaña por el sí sí, es decir, por la candidatura o candidaturas (en bloque o comprometidos por un mismo programa) de los partidos soberanistas. La llave de ese nuevo escenario no la tiene Mas, sino Junqueras. El escudero que aspira a quedarse con la bacía del caballero barbero.

Más que thriller psicológico, lo de Artur Mas siempre ha sido una road movie. Si el protagonista da por terminado el viaje, la película se acaba. Siempre ha de estar en movimiento, acercándose a una meta que lo mismo es una consulta, que unas elecciones, que una independencia. La meta cambiante. Oportunamente camuflada, y publicitada, como eterna meta volante.

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Carlos Alsina
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