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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Nos han matado a un soldado

  • Carlos Alsina | @carlos__alsina |
  • Madrid |
  •  | Actualizado el 28/01/2015 a las 20:31 horas

Les voy a decir una cosa.

Nos han matado a un soldado. Sin pretenderlo, por supuesto, sólo faltaba. Pero eso es lo que ha sucedido: que víctima de un bombardeo israelí ha muerto hoy un militar español destinado en el Líbano. Francisco Javier Soria.

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El monólogo de Alsina: Nos han matado a un soldado
Francisco Javier Soria, militar español fallecido en la misión en el Líbano Francisco Javier Soria, militar español fallecido en la misión en el Líbano | Foto: EFE

El cabo Soria de la Brigada Guzmán el Bueno. Casado. Su esposa se encuentra embarazada. Nacido hace 36 años en Málaga. Muerto hoy en las granjas de Shebaa, sur del Líbano. El sitio se llama así porque tiene un pueblo y muchas granjas. Diez kilómetros cuadrado de suelo. Apenas diez kilómetros.

Si lo buscas en el mapa, verás que es está en la parte de arriba de esa meseta que llamamos los altos del Golán, la elevación que es frontera de cuatro países cuya historia de mala vecindad es parte relevante de la historia de Oriente Próximo: a la izquierda, Israel, arriba, el Líbano, a su lado Siria y debajo, Jordania. Los altos del Golán, justo al lado del mar de Galilea que no es un mar sino un lago, aquel en el que Jesús, dicen, caminó sobre las aguas.

Las granjas de Shebaa es éste pequeño territorio en disputa que hoy controla Israel, que en su día fue sirio (o lo sigue siendo según la ONU) y cuya soberanía reclama el Líbano. La presencia de militares españoles en este lugar, en misión de paz, se debe a aquel otro conflicto (que es siempre el mismo) que empezó en el verano de 2006, cuando Francisco Javier Soria tenía veintiocho años y sólo llevaba dos como profesional en las Fuerzas Armadas. Los treinta y tres días de fuego que intercambiaron Israel y Hizbolá (mil muertos) y que sólo pararon cuando ambas partes aceptaron la resolución de las Naciones Unidas que estableció el regreso del ejército israelí a su lado de la frontera, el desarme de Hizbolá y el despliegue del Ejército libanés en esa zona (la línea azul) para garantizar el cese de hostilidades. Y en apoyo del Ejército libanés para cumplir esa tarea se aprobó la presencia de una fuerza internacional, cascos azules, a la que España contribuyó desde primera hora: la Fuerza Provisional de Naciones Unidas en el Líbano, o por el nombre español de su misión, Libre Hidalgo.

Están allí (estamos, como país, allí) para impedir que los incidentes violentos que en estos años se han seguido produciendo deriven en algo más que sólo incidentes. “El cabo Soria, ha dicho hoy el ejército español, “hacía su trabajo en un puesto de vigilancia fijo del que el ejército israelí conocía las coordenadas”. En nuestras fuerzas armadas el malestar, y el estupor por lo ocurrido hoy, es máximo. El gobierno pide una investigación a la ONU, qué menos, mientras el embajador israelí se disculpa. Se disculpa por una muerte que no debiera haberse producido pero añade que la responsabilidad es de quien inició esta escalada, que para Israel es Hizbolá, tal como para Hizbolá es Israel.

La agencia de noticias libanesa difundió hoy una información que sostiene que el ejército israelí había solicitado a las tropas de la ONU que permanecieran acuarteladas porque iba a responder con obuses al ataque que ayer sufrió de manos de Hizbolá. Algo así como que habían avisado. No es el ejército israelí, como sabemos, quien decide lo que debe hacer la fuerza de interposición de la ONU cuya misión es supervisar que no haya fuego, no esconderse obedientemente cada vez que una de las dos partes lo produce.

En este conflicto que dura años (y que forma parte del gran y eterno conflicto de Oriente Próximo) se ha introducido en los últimos meses una derivada que se llama la guerra de Siria. Correcto: de nuevo, lo de Siria. Hizbolá, como Irán, está del lado de Bashar el Assad, el dictador sirio. Hizbolá, como Irán, está hoy en la primera línea, con los kurdos y el apoyo aéreo de estadounidenses, británicos y saudíes, contra el grupo yihadista Estado Islámico.

Hizbolá, como Irán, mantiene abierto su conflicto con Israel y viceversa, de tal modo que esta zona de la frontera libanesa —donde está la misión de la ONU—- se ha incorporado, en la práctica, al tablero más amplio del conflicto sirio, o sirio-iraquí, puesto que es en los dos países donde se está librando una guerra abierta.

El día 18, domingo, Mohamed Allahdadi, general del ejército iraní, resultó muerto en el lado sirio de los altos del Golán. Este iraní se encontraba en Siria como asesor del régimen de Bashar el Assad en compañía de altos cargos de Hizbolá. En total fueron doce los muertos: seis militares iraníes, seis integrantes de Hizbolá. Esta organización atribuyó la autoría del ataque al ejército israelí sin que éste lo desmintiera. Lo que el gobierno israelí filtró ese día a la prensa de su país es que este grupo de militares iraníes y milicianos de Hizbolá ultimaba una serie de ataques con cohetes y misiles anti tanque contra Israel y la infiltración de terroristas en su territorio. Y lo que en público admitió el gobierno israelí es que, confirmada la muerte de estos doce, esperaba un recrudecimiento de la tensión en la zona fronteriza. Allí, en las granjas de Shebaa, los altos del Golán, pegando a Siria.

Hizbolá sostiene que Israel está realizando bombardeos sobre territorio sirio para debilitar al régimen de Bashar el Assad y los grupos que lo apoyan. Sostiene que, aprovechando que Hizbolá pone toda su atención ahora en Siria, intenta ganar así terreno en el sur del Líbano. Tratan de imponer una nueva ecuación, dicen los líderes de Hizbolá, para afirmar a continuación que es Israel quien atacó uno de sus convoyes la semana pasada en Siria, quien planea una amplia operación militar en Líbano y quien, por tanto (dicen) se ha ganado a pulso el ataque de ayer. Vengaremos la muerte de los nuestros, anunció Hizbolá la semana pasada.

Ayer y hoy lanzaron sus misiles desde suelo sirio, alcanzaron un convoy israelí y han matado a dos soldados. Israel ha lanzado sus obuses, uno ha caído en el puesto de vigilancia de los cascos azules y -sin querer, claro, sólo faltaba- nos ha matado a un soldado.

Al estupor de los mandos militares españoles se une la preocupación por la evolución que, en los próximos días, pueda tener este conflicto cada vez más ligado al conflicto que se está librando en Siria. Netaniayu anuncia que saldrá escarmentado quien quiera que ataque a los israelíes, como ha dicho la ex ministra Tzipi Livni, “sea Irán, sea Siria o sea Hizbolá quien está detrás de la muerte de nuestros soldados”.

Endurecimiento de posiciones, y más misiles anti tanque y más obuses desde ambos lados, con las tropas de la ONU en medio y sabiendo, como hoy ya saben, que tener señalada su posición y atenerse a ella no garantiza que no te caiga una bomba al lado.

Una familia de Málaga se prepara para recibir de regreso en casa al cabo Soria Toledo. A los restos mortales del cabo.

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Carlos Alsina
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