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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Quien no se consuela es porque no sabe de estadística

  • Carlos Alsina | @carlos__alsina |
  • Madrid |
  •  | Actualizado el 04/02/2015 a las 20:20 horas

Les voy a decir una cosa.

La maldad, anoche, era que a Pedro Sánchez se le estaba poniendo cara de Hernández ManchaAntonio Hernández Mancha fue un señor que presidió el PP cuando se fue Fraga y antes de que Fraga volviera.

 

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El monólogo de Alsina: Quien no se consuela es porque no sabe de estadística

Entre Fraga y Fraga tuvo, primero, un gran eco mediático por la novedad que suponía, y tuvo, después, un proceso agónico de desinflado que concluyó con su temprana jubilación política a los 38 años. Ha quedado como paradigma de la fugacidad en el liderazgo de un partido, aunque aguantó, mal que bien, casi dos años.

La maldad, anoche, entre algunos dirigentes socialistas, era que a Sánchez se está poniendo cara de Hernández Mancha. Porque anoche empezó a saberse que el barómetro del CIS relega al Partido Socialista a la ingrata condición de tercer partido de España, adelantado, sobrepasado, por la nueva formación que lidera Pablo Iglesias.

Atribuían las filtraciones de anoche un escuálido 20 % del voto al Partido Socialista. “Escuálido” para lo que ha sido su historia de los últimos treinta años, se entiende, porque ya quisieran ese 20 % en IU o en Unión Progreso y Democracia, por ejemplo. El temido 20 %, un quinto de la población que vota, ha acabado siendo, en el papel de hoy, un 22,2 %. Eh, no era tan malo, decían hoy los pedristas para autoanimarse un poco. Si a un 22,2 le añades el margen de error, igual hasta te salen los 23,9 que teníamos en el último barómetro. Quien no se consuela es porque no sabe de estadística. ¡Y Pedro es el líder mejor valorado, aunque le voten poco!, añadían.

Mejor no recordarles que, aunque Pedro, en efecto, sale el primero, por Pablo, en la encuesta, aún no preguntan. Es cierto que un punto arriba un punto abajo en estos números en que se mueve hoy la atribución del voto está lejos de ser una sentencia inamovible, pero tan cierto como eso es que va a dar lo mismo. La primera lectura que el personal está haciendo del CIS de hoy —sobre todo el personal socialista— es que el PSOE ya ni siquiera es segundo. Y que Podemos, coleta al viento, sigue sumando.

La mala cara de Pedro Sánchez sirve, así, de pantalla-impacto para difuminar la otra gran conclusión que arroja el barómetro de febrero: el fracaso de los partidos más pequeños. Mejoran unas pocas décimas IU y Unión Progreso y Democracia, pero son tan pocas y es tan pobre su resultado en comparación con los tres que van delante que carecen de motivos reales para cantar victoria. Si acaso, es todo lo contrario.

Toda la vida predicando contra el bipartidismo hegemónico, y ahora que los dos grandes partidos van achicándose, quien engorda es sólo el último que ha llegado. IU está en un porcentaje de voto que ya tenía hace quince años. UPyD permanece estancado. Ciudadanos, pese al tirón mediático que sin duda tiene Albert Rivera apenas pasa del 3 % de voto, por detrás de Rosa Díez, empatado por CiU (que sólo compite en Cataluña) y superado por el voto en blanco, 4,1 % de los votantes en potencia. Pese al efecto novedad que, como Pablo Iglesias, representa Albert Rivera (uno de los líderes con mejor valoración en las encuestas), la opción Ciudadanos tampoco parece, ¿verdad?, que hoy por hoy se salga.

Del PP lo que se decía anoche es que obtenía un 29 % de intención de voto, remontando respecto de la última vez. A la hora de la verdad, les ha pasado a los populares lo contario que a los socialistas: esperaban más de lo que, en realidad, ha sido. El papel dice que es un 27,3 y que no, hay por tanto, subida sino repetición de la jugada. En octubre 27,5, en enero, 27,3. No parece que la recuperación económica, aún incipiente, esté teniendo efecto en el ánimo electoral de los ciudadanos. Bien es verdad que cuando se hizo la encuesta aún no había difundido el PP su miniserie “Nos ha faltado piel”, estos vídeos cinco en familia cuyo decisivo impacto en la opinión pública se reflejará, seguro, en barómetros posteriores.

Como ocurre con todas las series -las demoscópicas, digo, una misma encuesta que se realiza cada cierto tiempo— lo relevante, dicen los expertos, es la tendencia. La tendencia de cada uno de los partidos. Así como los dos barómetros anteriores, con la aparición sonadísima de Podemos, tenían el inconveniente de tener que valorar un fenómeno nuevo -y eso complica técnicamente la cocina- este de ahora afianza la percepción de que sólo un partido, precisamente el nuevo, puede sentirse satisfecho de cómo le van las cosas.

Podemos mejora su resultado en apenas un punto y medio, pero hablamos del 24% de los votos y de una formación que sigue estando recién nacida. De hecho, en el barómetro de hace un año ni siquiera salía. El resto de los partidos no ofrece cambios relevantes en este último trimestre. Incluso el PSOE, que empeora en comparación con octubre, sale mejor parado que en julio, cuando estaba en el 21 %. Puestos a buscar tendencias más claras, y haciendo esto tan propio del análisis económico, la comparación interanual, tendríamos que en el último año el PP ha pasado del 32 % al  27; el PSOE del 27 al 22; Podemos de no existir al 24; y, atención formaciones medianas, IU del 11 % al 5 y UPyD del 9,2 al 4,6.

Lo interesante no es quién ganaría hoy las elecciones, que sería el PP, sino quién gobernaría el país. Y ahí sí que hacer pronósticos resulta hoy imposible. No sólo porque el reparto de escaños está vinculado al resultado en cada provincia, la circunscripción, sino porque la tradición es que gobierna el que gana las elecciones, aunque esté en minoría parlamentaria, pero en estos tiempos en que las tradiciones se cuartean, vaya usted a saber lo que acabaría pasando.

A Pedro Sánchez la cara que se le está poniendo es la de príncipe, no valiente sino Hamlet. Sánchez con la calavera en la mano: ¿Tiro por aquí o tiro por allí? ¿Ser…o no ser socio pactante? ¿Cuál es la estrategia buena? ¿Ni agua al PP, no nos parecemos en nada, no coincidimos en nada, no queremos consensuar ni siquiera la política antiterrorista? O justo la contraria: somos un partido de gobierno, garantizamos la estabilidad, firmamos pactos de Estado y abrazamos el consenso? Las manos que le mecen la cuna a Pedro lo usarán todo como munición: del CIS al Sálvame pasando por el pacto. En sus sueños anti pedristas no aparece Hernández Mancha sino Borrell. Porque Mancha aguantó dos años y Borrell, criatura, apenas les duró uno.

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Carlos Alsina
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