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EL MONÓLOGO DE ALSINA

No es un secreto que para el gobierno de España “emergencia” es lo de Ceuta, no lo de Crimea

  • Carlos Alsina | @carlos__alsina |
  • Madrid |
  •  | Actualizado el 05/03/2014 a las 21:36 horas

Les voy a decir una cosa.

No es un secreto que para el gobierno de España “emergencia” es lo de Ceuta, no lo de Crimea. No es un secreto que para Rajoy la “línea roja” cuya inviolabilidad debe movilizar a Europa es la valla de Melilla, no las fronteras de Ucrania.

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El monólogo de Alsina: No es un secreto que para el gobierno de España “emergencia” es lo de Ceuta, no lo de Crimea
Unos cien inmigrantes entran en Melilla tras un nuevo asalto a la valla Dos inmigrantes de origen subsahariano encaramados a un poste tras saltar la valla de Melilla. | Foto: EFE/Archivo

Nuestro gobierno está volcado en persuadir a la opinión pública española -y a las autoridades europeas- de que estamos en riesgo de una invasión de población africana a las ciudades autónomas de Ceuta y de Melilla.

La otra invasión, la que los militares rusos han consumado en los cuarteles de otro ejército en otro país, digamos que le ha ocupado menos y le ha inquietado lo justo. Dices: hombre, son asuntos completamente distintos. Evidente, para semejante observación no hace falta ser un lince. Pero es interesante fijarse en el lenguaje, y el tono, que elige un gobierno para describir o valorar asuntos conflictivos que tiene sobre la mesa. Las palabras que escoges, y el tono en que las pronuncias, es el primer elemento de juicio que ofreces para medir la gravedad que le atribuyes a un problema o la actitud que deseas que tu opinión pública tenga respecto al mismo.

Palabras como “emergencia”, “alerta máxima”, presión insostenible” o “violencia desatada” se han escuchado en boca de altos cargos del gobierno para referirse a la oleada migratoria que empuja sobre la frontera sur de Europa. Para comentar la crisis de Ucrania, intervención militar rusa ya incluida, las palabras escogidas han sido: “diálogo”, “cooperación”, “salida diplomática” o “solución política”.

En este segundo asunto, Ucrania, el mensaje que transmite el gobierno español (bastante alejado, en la música y en la letra del que vienen transmitiendo otros gobiernos europeos) es: “tranquilidad, que este problema tiene una solución que pasa por sentarse a hablar los gobiernos involucrados para encontrar la manera de rebajar la tensión”. Apostemos por la política y la diplomacia para desactivar esta pequeña mina que se nos ha presentado en el camino. En la otra cuestión, la de la inmigración en África, el mensaje está siendo éste otro: “en la frontera de Ceuta y de Melilla se está fraguando una amenaza letal para nuestra estabilidad que requiere de más guardia civil y más vigilancia; tenemos una bomba de relojería en la puerta de casa y no cabe ponerse exquisitos porque va a explotar”, ésta es la idea.

No hay referencia a los gobiernos de los otros países, singularmente Marruecos, Argelia, Mauritania, ni a la modificación de acuerdos bilaterales o legislaciones nacionales para desanimar a las mafias de acarrear personas hasta esta sala de espera en que, a decir del gobierno, se ha convertido Marruecos. De los diversos factores que coexisten en un fenómeno como éste, la inmigración por cauces no legales, se pone el foco en uno de ellos, el del desorden público y la violación de la frontera. Que es un factor relevante, pero que no es el único. Se ofrecen estimaciones, de imposible verificación, sobre el número de personas que esperan turno para intentar el salto: treinta mil, cuarenta mil, ochenta mil. Números que permiten que los medios hagamos luego títulos aún más inquietantes: “tantos subsaharianos esperando, ochenta mil, como habitantes tiene Melilla”, “un guardia civil por cada 64 inmigrantes”. De nuevo la idea del riesgo de invasión inminente e irrefrenable.

Añádase al elenco una comisaria europea más preocupada por cultivar su imagen de implacable que por documentarse a fondo antes de emitir requisitorias y tendrás de nuevo en las tertulias el viejo debate sobre la mano dura o la mano blanda, blindaje de fronteras o papeles para todos, balas de goma sí, balas de goma no. No es posible saber si este mismo mensaje que cultiva el gobierno (la emergencia, el asalto masivo, la oleada) se estaría alimentando con tanto empeño, y eficacia, de no haberse ahogado los quince inmigrantes en El Tarajal mañana hará un mes; si se estaría insistiendo tanto en la idea de la “amenaza caso de haber concluido aquel intento multitudinario como concluyeron los tres de ayer, con la gendarmería marroquí impidiéndolos.

Cuando estos días Ucrania ha inundado las tertulias nos hemos cansado todos de explicar cuáles son los antecedentes de esta situación que vivimos, por qué se está produciendo. Cuando se habla de la oleada migratoria el foco está en qué es admisible hacer, y qué no, para impedir que se cruce la frontera por las bravas. Hay una oleada migratoria, debatamos cómo pararla cuando nos llega a la puerta, no parece necesario explicar mucho más, ¿verdad?, por ejemplo, por qué se produce, de pronto, esta acumulación de inmigrantes a la espera -los ochenta mil de Fernández Díaz-, cuándo y dónde empieza la ola, qué la ha generado. Qué relevancia tiene lo ocurrido en Libia, o lo de Siria, en todo este fenómeno.

Contrasta el lenguaje de emergencia que emplea, al hablar de lo suyo, Fernández Díaz con el que eligió García Margallo para hablar de lo suyo, la reunión que ha mantenido con el ruso esta mañana. El gobierno tiene dicho que su postura respecto de la crisis ucraniana es la que tiene expresada la Unión Europea. Pero ocurre que en la Unión Europea está habiendo tonos distintos.

Hay gobiernos, como el francés, que están aireando ya las sanciones que cabría imponer a Rusia para castigarla por su intromisión en territorio ucraniano. Hemos escuchado a Cameron, a Merkel, al gobierno polaco, reprochándole a Putin que ponga en riesgo la integridad territorial de Ucrania. Ni en la reseña que ofreció ayer la Moncloa sobre la reunión de Rajoy con el ministro ruso de Exteriores ni en la rueda de prensa que ofreció Margallo esta mañana hubo un solo reproche a la actuación que está teniendo Rusia; tampoco, por cierto, un respaldo explícito, una voz de aliento, a las nuevas autoridades proeuropeas que gobiernan -es un decir- Ucrania.

Mucha apelación al diálogo y a la integridad territorial de ese país, pero ningún entusiasmo (español) por el gobierno de Yatseniuk y un sonoro subrayado a la amistad de los gobiernos de España y Rusia y a los muy beneficiosos acuerdos políticos y económicos que ambos, esta misma mañana, han firmado. El lenguaje bravo y conminatorio hacia Putin es cosa de otros: Obama, por ejemplo; el lenguaje ardoroso, emotivo, sobre los héroes del Maidán también lo están haciendo otros, Kerry ayer, por ejemplo. España está, claramente, en una onda distinta. Remarcando su amistad con Rusia y quitando hierro a lo de Crimea.

La cumbre de jefes de gobierno europeos de mañana, convocada de urgencia para soltarle un buen soplamocos a Vladimir Putin, se va desinflando a medida que pasan las horas. “Nuestros socios saben perfectamente cuál es el juego”, dijo esta mañana el ministro ruso en Madrid. Al paso que vamos, la supercumbre de jefes de gobierno convocada para mañana en Bruselas servirá para tomar nota de que Rusia ha sido más rápida y para decirle al amigo Putin que “venga, vale. Aceptamos a las autodefensas de Crimea como animal ruso de compañía”.

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Carlos Alsina
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