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EL MONÓLOGO DE ALSINA

Usted es Felipe, ¿y qué dice?

  • Carlos Alsina | @carlos__alsina |
  • Madrid |
  •  | Actualizado el 23/12/2014 a las 20:23 horas

Les voy a decir una cosa.

Póngase usted en su piel. Usted es Felipe, ¿y qué dice? ¿“Vamos Cristina, que ya estás tardando”? ¿Empiezas el discurso por ahí? “Llegadas estas fechas tan entrañables, y en mi primera nochebuena como monarca, veo oportuno hablaros de mi familia, en concreto, de una de mis hermanas”. No sé yo.

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El monólogo de Alsina: Usted es Felipe, ¿y qué dice?
El Rey Felipe VI asiste a la clausura del X Encuentro Empresarial Iberoamericano El Rey Felipe VI | Foto: EFE

Puede quedar muy poco navideña la cosa. Estas fechas de fun fun fun, de hacia Belén va una burra, de pero mira cómo beben son las propias de exaltación de la familia como piña, ¿no?, la familia unida que siempre está ahí para echarte un cable cuando vienen mal dadas, en las duras y en las maduras. “Me han procesado, Felipe, pero sigo siendo tu hermana”. Para todos nosotros el caso Noos es un escándalo de influencias, tráfico de favores, ordeño de la caja pública para enriquecimiento privado y, de propina, fraude fiscal.

Para la familia Borbón es un drama, de grietas familiares, decepciones, rupturas y hermanos que apenas se hablan. Como hace tiempo que se levantó el velo sobre una realidad que siempre estuvo lejos del relato del papel couché, aquella versión edulcorada, idílica, de una familia que nunca fue -y nunca podrá ser- una familia más, las apariencias ya se cuidan menos y a nadie se le ocurre preguntar qué día cenan juntos, si en nochebuena o nochevieja, Juan Carlos, Sofía, los tres hijos, los nietos, el yerno y la nuera. La familia real son, desde hace tiempo, varias familias distintas y alejadas entre ellas. Pero, con todo y con eso, ponte en la piel del rey Felipe: ¿qué dices en el discurso de mañana? ¿”Venga, Cristina, que ya estás tardando en renunciar a tus derechos sucesorios”? ¿”Ni lo sueñes, Cristina, nunca jamás serás la reina?” ¿Qué hacemos con la exaltación de la familia como núcleo solidario en las duras y en las maduras? ¿Aprovechas el discurso para arrearle un sartenazo a tu compañera de juegos infantiles, tu hermana la mediana, la tía de tus hijas? Dices: como rey se le aplaudiría por amputar cualquier asomo de corrupción, pero como hermano...

Ya resultó un poco cruel el repudio de Cristina en la ceremonia de coronación. Familia sigue siendo. Ahora está procesada, será juzgada y a lo mejor la condenan. Y aún así, seguirá siendo la hermana. No hay cordón sanitario que cambie eso. La gente acude a la cárcel a visitar a sus familiares presos. Tiene un marrón el rey Felipe, qué duda cabe. Dices: no haberte pedido rey. Es verdad. Pero ¿qué va a hacer? ¿Afearle en público su conducta? “Soy inocente mientras no se demuestre lo contrario”, podría responderle ella, también en público, convirtiendo la  institución de la Corona en carne de Sálvame, con la ingente cantidad de niños que ven ese programa.  Igual si en lugar de Felipe sale mañana Leonor, sentada en las rodillas de su padre, y mirando a cámara dice: “piensa en mí, tía Cristina, si no lo haces por él (mi padre) hazlo por mí, que algún día puedo ser reina”.

Veremos si hay novedades de aquí a que emitamos mañana, nueve de la noche, el esperado discurso. Más audiencia que los últimos de don Juan Carlos es posible que tenga. Hoy el número dos del PSOE, el afable César Luena, ha hecho una de esas declaraciones que hay que enmarcar. A la pregunta de si la infanta debería renunciar a sus derechos a la corona dijo Luena: “Por supuesto, es incomprensible que no haya renunciado a sus derechos dinásticos, en España somos todos iguales, sea hermana del rey o sea yo mismo”. Detengámonos un instante en esta interesante afirmación. “Es incomprensible que no haya renunciado a sus derechos dinásticos porque en España somos todos iguales”. Cielos.

¿Acaso tiene César Luena derechos dinásticos? ¿Los tiene Pedro Sánchez? No parece. Y usted y yo tampoco los tememos. Salvo que usted sea, perdón, la infanta Leonor y me esté escuchando porque hoy no tiene que hacer deberes, alteza, princesa, ¿le ha pedido a Santa Claus una reforma de la Constitución que arregle lo de la preferencia del varón? ¿Se lo ha pedido otra vez y sigue sin echárselo? No se lo pida a Santa Claus. Pídaselo a su madre, va a ser más receptiva y tiene más mano.

La justicia es igual para todos y la ley han de cumplirla también las infantas. Pero la ley dice que derecho a ser reyes y reinas sólo tienen los que están en la lista de herederos del actual monarca. Si Susana Díaz se ofreciera, por ejemplo, a reinar ella, pues no podría ser. Si Esperanza Aguirre se ofreciera, pues tampoco. La primera ha de colmar sus aspiraciones con la presidencia del gobierno, que es con lo que sueña. La segunda, a lo más que llegará es a alcaldesa de Madrid, su próxima meta. Ya sabrán que hoy Esperanza Aguirre, inquieta porque se acaba 2014 y no ha conseguido que Rajoy le pida que se presente a las municipales ha hecho algo inusual en ella: dejarse de juegos florales y postularse. Como en los anuncios de búsqueda de empleo: Lideresa se ofrece para capital. ¿Razón? ¿Cuál va a ser?, que le va la marcha. Tres años fuera de la pomada la tienen como pez sin agua.

Hoy Aguirre se comportó como ese miembro de la familia al que nadie atiende cuando llega la nochebuena y hay que hacer la compra para la cena. “Eh, que puedo encargar yo, eh. Nadie responde. Que si queréis yo me encargo. Y ni caso. Que no me importaría, si ahora tengo mucho tiempo. ¿Tienes mucho tiempo? ¿Pues no estabas trabajando en una empresa cazatalentos? Hay tan poco talento por cazar que no le importaría no ya ser alcaldesa, sino competir para intentar serlo. Porque luego igual gana y al año ya lo está dejando, como pasó la última vez. Ganó las autonómicas de calle, cuatro años de mandato, y un año después cogía la puerta alegando que, como abuela que era, necesitaba tiempo para los nietos. No abandono la política, dijo, pero sí el cargo. Para tener tiempo para mi y los míos. Dos años después, lideresa se ofrece para gobernar ayuntamiento. Eso es que los nietos han crecido rápido.

Rajoy es la madre de todos los enigmas. Por Aguirre no siente el menor aprecio político. Si por él fuera, la mandaría al desván con el resto de los estorbos de los que ya se fue deshaciendo. Su problema es que Aguirre es la única que, a decir de las encuestas -y siendo tan inciertas las encuestas en este panorama electoral con actores nuevos- podría asegurarle al PP una victoria holgada. Eso, y que los últimos candidatos que escogió Rajoy -Cañete para las europeas, Moreno Bonilla para las próximas andaluzas- no parece que hayan pasado a los anales del ojo clínico en política. Aguirre, a Rajoy, no le apetece, pero si no queda más remedio se tragará el sapo y que sea lo que dios quiera. La familia popular también son varias familias, distintas y a menudo alejadas. Con sus grietas, sus malos rollos, sus decepciones y sus rivalidades. Una familia más, como los Borbones. De ésas que en Navidad procuran cenar separadas.

Ya estamos. En la noche previa a la más previa de todas la noches.

En puertas de la Nochebuena.

De la Navidad que empezó para cada uno de nosotros hace años.

Sigue siendo, la Navidad de cada nuevo año, una versión actualizada de la Navidad de nuestra infancia.

Somos lo que una vez fuimos. Vas a la plaza mayor de tu ciudad a recorrer los puestos con un crío pequeño de la mano y en qué vas a pensar, sino en Chencho. El niño a la fuga y el abuelo angustiado no sólo porque se le ha perdido el crío, también por el chorreo que le va a echar la nuera en cuanto llegue a casa. Y con razón. Porque no están los niños para perderlos.

Las películas que se emiten en Navidad todas (casi todas) acaban bien. Pero anda anda que no se pasa mal.

Sabiendo que cuanto más felices se les vea, a los personajes, al principio, más desgracias se les vendrán encima antes que llegue el feliz final.

Algo siempre sucede que amenaza con arruinar la Navidad, una familia en apuros, un reno que se pierde, una conspiración para acabar con las ilusiones humanas.

En las películas de antes había hombres avaros y niños harapientos. Gentes con el corazón como una piedra que acabarán, lo sabemos, llorando.

Los malvados se ablandan y a los buenos se les hace justicia. Los niños siempre saben más que los mayores. Ven a un viejo barbudo y con panza que va de incógnito pero que ellos saben que es Santa Claus -quién va a ser, si la película va de Papa Noel- aunque los padres no consigan verlo.

Fuera siempre hace frío. Siempre nieva. Todas las casas tienen chimenea y todos lo niños, y las niñas, disfrutan escuchando cómo les cuentan cuentos.

La navidad es para contar cuentos. (Además de para jugar a la XBox y al Minecraft).

Contemos entonces un cuento, que no lo es, y que responde a este esquema tan navideño, y tan almendrado, del vuelve a casa vuelve. Con alguna variación, porque este regreso se produce sólo una vez y veinte años después de haber partido.

Como en Qué bello es vivir, empieza la historia con un hombre adulto del que luego conoceremos su infancia.

No se llama George Bailey, no, se llama Guor Mading Maker.

Que hoy vive en los Estados Unidos. Y lleva una vida agradable.

Pero que hace treinta años nació no exactamente en un país, sino en una guerra.

Un país en guerra civil deja de ser país para ser sólo la guerra.

Nació en una guerra lejana, de ésas que se prologan durante años en algún rincón de África y a las que nos cuesta, en Europa, ponerle rostro porque no hay reyes famosos implicados y porque las tribus de negros nos parecen, qué le vamos a hacer, todas iguales.

La guerra civil sudanesa. El norte contra el sur. Y el sur llevándose la peor parte.

En esa guerra nació y creció Guor Mading.

Si la primera víctima de una guerra es la verdad, la segunda es la infancia.

Al niño que entonces era lo enviaron sus padres a vivir con un tío suyo, al norte. “Enviar” es una forma de hablar. Porque en ausencia de transportes y en presencia de violencia, le llevó tres años terminar ese viaje. Siempre, claro, caminando.

No fue el único menor que fue cumpliendo años mientras caminaba. Hubo otros como él. Decenas de ellos. Miles de ellos. Decenas de miles.

Y no, no eran Orzowei. Eran los niños del Sudán. Así los llamaron.

Veinte mil desplazados que caminaron cientos de kilómetros sorteando amenazas, grupos armados, y tratando de alcanzar el norte o el este del país.

“Norte” significaba frontera, cruzar a Egipto.

”Este” significaba llegar a Etiopía o Kenia. Encontrar algún campo de refugiados en el que poder quedarse.

Capturado por uno de los bandos, consiguió escapar con otro crío. Y corrieron. Caminamos, corrimos, corrimos, caminamos. Y siguió corriendo hasta encontrar a su tío y emprender ambos (o seguir ambos con) la huída.

Primero a Egipto y luego a Estados Unidos. A dónde llegó este crío de color negro oscuro que sabía, antes que cualquier otra cosa, correr.

Corriendo consiguió la beca para la universidad y se licenció en Medicina. Y corriendo consiguió que le aceptaran como corredor de maratón en los JJOO de Londres, un atleta sin país. Sudán del Sur.

No, no ganó. Ésta no es una película de final blandito, es una historia real que deja a nuestro héroe en la 47º posición. Pero convertido en referencia para los refugiados políticos de medio mundo y para su nación, Sudán del Sur.

En el verano de 2013, veinte años después de haber salido de casa, Guor Mading viajó a Sudán para reencontrarse con sus padres. Temía no reconocerlos cuando los tuviera delante. Temía que ellos no pudieran reconocerle a él. Pero nada de eso pasó. El padre cantaba al verle llegar...

...orgulloso del hijo y presumiendo de haber sido a él a quien ha salido, porque él perseguía jirafas cuando era chaval, de tal palo tal astilla. La madre no cantaba, la madre sólo lloraba incapaz de deshacer el nudo que durante días, tal vez años, tal vez los veinte años trancurridos, se había agarrado a su garganta. Todo lo que alcanzó a preguntar, derrumbada por la emoción del reencuentro, fue “¿de verdad eres mi hijo?”

Él dijo: “sí, lo soy”. Y la madre ya no pudo hablar más.

El hijo, o sea, Mading, tampoco pudo decir mucho más. Que le parecía maravilloso poder reencontrarse con ellos tantos años después y habiéndo pasado, él y ellos, tanto.

“Ahora ya puedo morir tranquilo”, le dijo el padre, “porque sé que las cosas te van bien”. Pero Mading le dijo: “no, aún no puedes morirte, no puedes porque tienes que vivir, por lo menos, hasta los Juegos Olimpicos de Río, para ver a los atletas de Sudán del Sur disputar las medallas a los demás países”.

Éste es el objetivo por el que hoy trabaja Guor Mading Maker, niño de Sudán, atleta y antes que todo eso, hijo devoto de sus padres.

Y como mañana es Nochebuena, como pasado es Navidad y al siguiente, San Esteban; como la próxima semana estaremos despiendo el año y dando la bienvenida al año nuevo; como han sido muchas tardes de radio como ésta en las que hemos contado historias que les sucedían a otros e historias que nos suceden, nos implican, nos afectan a cada uno de nosotros; como un año más estamos ya en puertas de la noche en que cuenta la leyenda que una vez nació un niño y como si hicieran falta, por otra parte, razones para hacerlo, como hoy es 23 y mañana no hay programa, déjenme que les desee feliz Navidad.

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Carlos Alsina
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