Seis años de discreta actividad terminan hoy
Llegan las rebajas al gobierno
Vehemencia pendular
Les voy a decir una cosa.
Mal hemos empezado.
Para un mercado en el que nuestra solvencia estaba fuera de dudas (el
fútbol) y nos la han clavado, los suizos, la primera en la frente.
Ahora también llega al césped lo del riesgo país. No es broma,
qué vamos a hacer si se nos tuerce el Mundial, si esto lo único bueno
que esperábamos todos que nos pasara en lo que queda de mes, o de
temporada. Y encima nos han lesionado a Iniesta. Todo lo que no debía pasar ha pasado. Como si fuera un pronóstico económico de esos que hace el gobierno, que nos convence a todos de que jamás de los jamases se abaratará el despido y al final llega y no es que lo abarate, es que en la práctica la mayoría de los despedidos se va a llevar veinte días por año trabajado, ni 33 ni 45. Qué ojo clínico han demostrado hoy nuestros líderes políticos, qué melancolía produce escuchar ahora los pronósticos que esta mañana, tan optimistas como todos, lanzaban.
Ni acertaron ellos, ni acertamos los periodistas ni acertaron, en sus quinielas, los aficionados. Infravaloramos a los suizos.
La liturgia es siempre la misma
Vuvuzelas y sindicatos
Otro examen que pasar
Les voy a decir una cosa.
¿Seré yo, maestro, seré yo?
Conclusiones de la huelga de hoy
Gran Hermano marciano
Saben aquel que diu que van tres rusos, un italiano, un francés y un chino y dicen: ‘¿qué tal si nos hacemos marcianos?’ Y se meten un año y medio en la Academia de las Ciencias Rusas, aislados del mundo y sin más compañía que la de ellos mismos, para fingir que vuelan a Marte y vuelven en una nave espacial. Oiga, que no es un chiste. Es un experimento científico que busca adelantarse al futuro y simular las condiciones de una expedición humana al planeta rojo para saber si, no tanto el cuerpo, como el cerebro del ser humano, aguanta el tirón. En el recinto de la Academia rusa han montado una estación espacial de pega, con cuatro módulos cilíndricos, que van a ser la vivienda de los seis voluntarios los próximos quinientos veinte días. Sólo porán comunicarse con el exterior por correo electrónico, y con desfase, para que la simulación del viaje sea completa. Los medios de comunicación lo han bautizado como el Gran Hermano marciano, y bien bautizado está, porque toda la convivencia de los seis marcianos va a ser seguida, desde el exterior, por los responsables del simulacro, para poder medir la tolerancia, no sólo de cada uno a los demás, sino de todos ellos a una experiencia de aislamiento tan prolongada. Españoles no hay en la aventura, y es comprensible. Si tú eres español, lo que menos te apetece es aislarte del mundo exterior precisamente ahora, imagina la cantidad de cosas que te ibas a perder. Lo primero, el mundial, para una vez que somos favoritos y podemos darle p’al pelo a los brasileños y los argentinos. Lo segundo, la sentencia del Estatut.
... ver entrada completaEl último teaser de Corbacho
En publicidad, a esto, se le llama teaser. Un teaser es un minianuncio, pero en el que aún no se sabe lo que anuncian. Salen, por ejemplo, unas imágenes, de lo que sea, y una voz que dice “el diez de junio se acaba todo”. Y un remate musical que te deja diciendo: “¿esto de qué va?” En España el primer teaser de éxito fue la cola aquélla del cupón, ¿se acuerdan? Que salían miles de personas en fila india, en una cola interminable que recorría calles enteras y cruzaba plazas, parques, plazas de toros. La voz en off, al final, decía: “Dentro de unos días, en este país, va a ocurrir algo que traerá cola”. La pantalla, entonces, se iba a negro y aparecían dos palabras: “Traerá cola”. Éste fue el primero. El último teaser es el de Corbacho, el ministro de Trabajo. Que hoy ha dicho: “En siete u ocho días, en este país, va a ocurrir una reforma”. Laboral, para más señas. Pantalla a negro: “Traerá cola”. Hombre, el teaser funcionaría sino fuera por dos cosas: la primera es que el gobierno abusa de esta fórmula para echar a rodar su mercancía publicitaria, o propagandística.
El Gobierno necesita un trébol de cuatro hojas
Estamos de enhorabuena. Científicos del CSIC han resuelto el enigma del medicago truncatula, que tiene nombre de expresión malsonante, pero es una hierba. Una leguminosa de la misma familia que la alfalfa que normalmente tiene tres hojas pero a veces tiene cinco. Los investigadores han estado examinando a la truncatula hasta llegar a descubrir de qué depende que un tallo eche más hojas de las normales. La explicación ha resultado así de sencilla, verán: “El gen PALM1 controla el factor de trascripción SGL1, de tal manera que cuando PALMI no funciona, SGL1 se descontrola y forma más foliolos de los que debería”. Vaya cosa, eh. Tanto tiempo dándole vueltas y lo teníamos ahí, tan a la vista. Bueno, lo interesante del descubrimiento es que, a decir de los científicos, lo que vale para la truncatula vale para el trébol de cuatro hojas, de tal manera que acabamos de descubrir (acaban de descubrir los que lo han descubierto) el secreto del trébol e cuatro hojas, que es tanto como decir, ¿verdad?, el secreto de la buena suerte.
Agarrados a la toga de Garzón
Va a resultar que no era la propuesta lo que molestaba, sino quién la hacía. No era la idea, sino quién la proponía. Viendo, leyendo y escuchando, la vehemencia con la que los líderes de UGT y CCOO rechazaron, de manera casi airada, la posibilidad de abaratar el despido cada vez que fue mencionada por cualquier empresario, cualquier economista o cualquier gobernador del Banco de España, cabía pensar que hoy convocarían a la prensa para decir, con la misma vehemencia, “ah, no, por aquí no vamos a pasar, si el gobierno quiere abaratar el despido, con nosotros que no cuente”. Pero no ha habido ni convocatoria ni vehemencia alguna en las valoraciones (eso lo ha reservado Cándido Méndez para su campaña de descrédito del Tribunal Supremo): todo lo que han dicho sobre la propuesta del gobierno es que la van a estudiar.
Ha llegado la hora de caerse del guindo
“En esta crisis”, dijo aquel señor calvo, victoriano, fumador de puros y vestido siempre con chaleco y pajarita, “en esta crisis se me perdonará la falta de ceremonia con que he actuado. Tenemos ante nosotros una prueba de la especie más dolorosa. Tenemos ante nosotros muchos meses de sufrimiento. No puedo ofrecer otra cosa que sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. Me considero con derecho, en esta coyuntura, a reclamar la ayuda de todos y decir: ‘Vamos, avancemos juntos con nuestra fuerza unida”. 12 de mayo de 1940. Winston Churchill acababa de formar gobierno de concentración nacional y pronunció en la Cámara de los Comunes su célebre discurso de la sangre, el sudor y las lágrimas para ganar la guerra. Y el esfuerzo, que era la cuarta palabra que encadenó el primer ministro y que quedó apeada, sin embargo, de los libros de Historia. El discurso de las verdades incómodas. El jefe de gobierno que, en circunstancias adversas, le dice a sus ciudadanos todo aquello que a ningún gobierno le apetece decir. En el penúltimo párrafo de aquel discurso que lo consagró como uno de los mejores oradores que ha dado la política del último siglo, Churchill, pese a todo lo que acababa de decir, se declaró optimista. No antropológico, pero sí esperanzado. Convencido, vino a decir, de que, con el esfuerzo de todos, saldremos de esta.
Toca meter tijera
Toca meter tijera. Cualquier parecido entre el discurso económico que hacía el gobierno hace un año y el que hace ahora es pura coincidencia. Hace un año todo eran cantos elogiosos al gasto público y el incremento de la deuda (planes de estímulo se llamaban) porque urgía apuntalar la economía, generar empleo público aunque fuera temporal y aumentar las prestaciones para poder cubrir a los dos millones nuevos de parados. Ahora lo que toca es retirar los estímulos, subir impuestos, recortar el déficit y contener la deuda. Volver a aquello del equilibrio presupuestario y el saneamiento de las cuentas. Es verdad que han cambiado las circunstancias, y que en el resto del mundo el proceso ha sido más o menos el mismo: los gobiernos que hace un año pedían a Bruselas que hiciera la vista gorda ante los déficit públicos disparados y la intervención de los estados en todos los sectores económicos, ahora se fijan calendarios para ir quitándole a la economía las muletas y prometen impulsar activamente la competencia. Hay dos diferencias entre la mayoría de los países europeos y el nuestro: la primera, que ellos ya han empezado a crecer de nuevo (cierto es que empezaron a caer antes) y pueden ir quitándole, con menos riesgo que nosotros, los ruedines que le pusieron a la bicicleta; la segunda, que no tienen tantas reformas pendientes como tenemos (y teníamos ya antes de entrar en recesión) nosotros.
Lo entendí mal
Les voy a decir una cosa.
Lo entendí mal. Di por hecho que Cándido y Toxo habían convocado esta marcha de mañana como respuesta a la provocación neoliberal que hizo ayer el presidente del gobierno cuando llamó a hacer cuanto antes una reforma laboral y una revisión a fondo de nuestro sistema de pensiones. Dije: esto es que Cándido ha visto que Zapatero se ha pasado al lado oscuro de la fuerza, era Anakin Skywalker pero ahora es un Dark Vader medio asfixiado, ha traicionado al caballero Cándido-Jedi y éste le ha declarado la guerra de las galaxias. En mi ceguera me preguntaba: ¿quién urge ahora a la reforma laboral? El presidente del gobierno. ¿Quién urge a reformar el sistema nacional de pensiones? El presidente del gobierno. ¿Qué es lo que más ha irritado a Cándido y Toxo en los últimos meses? Que alguien hablara de reforma laboral y de la insostenibilidad a medio plazo de nuestro sistema de pensiones. “iA callarse, hombre, a callarse!”, gritaban. Ergo: ¿contra quién estarán irritado los sindicatos? Contra Zapatero. Que encima hace manitas, de nuevo, con Gerardo Díaz Ferrán (qué gustito dan siempre las reconciliaciones) y deja que el ministro Blanco le llame “nuestro amigo Gerardo”.
... ver entrada completa

