Lucio Godoy, compositor de la banda sonora de Gran Hotel
Esta semana ha llegado el esperado final de una de las mejores series nacionales de todos los tiempos, Gran Hotel. Al frente de su banda sonora se encuentra un compositor con más de cuarenta composiciones musicales para la gran pantalla, el argentino Lucio Godoy. Nacido en Paraná en 1958, Godoy se ocupa de componer, interpretar, producir y orquestar sus obras, que abarcan gran cantidad de registros. En esta pequeña entrevista conocemos algo más del compositor y de su trabajo en la serie de Antena 3.
- ¿Hay mucha
diferencia entre trabajar en el cine y trabajar en televisión?
Sí, hay conceptos diferentes, supongo que tiene que ver con cada serie. El enfoque que se le da a la televisión es diferente al del cine, ni mejor ni peor, son otros tiempos narrativos, otro formato otro objetivo, otro target. En una serie semanal el cambio más radical son los tiempos que se manejan, que en Tv son muy cortitos.
- Gran Hotel está ambientada en 1905 y refleja las altas clases de la época. Supongo que tanto un hecho como el otro influye a la hora de componer...
Sí, en este caso no hubo ninguna intención de rigor absoluto con respecto a la época. Evidentemente no utilizamos ningún tipo de música extremadamente moderna, pero tampoco sentimos que fuera necesario tener un rigor absoluto respecto a los instrumentos utilizados. Narrativamente la música trata de acompañar lo que creemos que necesita la serie.
- Usted trabaja sobre las imágenes, ve el capítulo antes de componer. ¿Cómo es ese trabajo desde que recibe el capítulo?
Primero trabajo sobre los guiones iniciales. Después hablamos con los productores del tipo de música que quieren y yo elaboro lo que llamamos maquetas, la música creada con samplers, para enseñarles por donde van a ir los tiros. Hasta que ellos deciden, y entre todos elegimos el tono y la textura musical que va a tener la serie en general. Se crean entonces los temas principales, la cabecera, y otras cosas, que se definen antes de empezar a emitir el primer capítulo. Grabo ese material, en este caso, con orquesta, y una vez se empiezan a emitir los capítulos, leo guiones con antelación para ir avanzando eventuales temas que podría necesitar de acción, de tensión, más romántico, más dramático, etc. A partir de ahí vamos trabajando semanalmente, intentando utilizar material genérico de la serie en sí y agregando en cada capítulo temas nuevos, tratando siempre de mantener el hilo argumental musical de cada capítulo.

- Y para usted supone un cambio de registro, Gran Hotel es más clásica que otras producciones en las que ha trabajado.
Sí, más que otra ambientación tiene sobretodo una cantidad de temas poco habitual en el cine, al menos en el que yo he trabajado. Las series de televisión tienden a utilizar bastante música y eso sí es bastante diferente a lo que yo estaba acostumbrado. Ese es el punto más distante que encuentro en mi caso personal. Supongo que si hubiera hecho muchas películas de acción que llevan mucha musca estaría más acostumbrado, pero en este caso es uno de los puntos más diferentes. Como decía antes a veces hay no sólo los tiempos, sino una necesidad casi absoluta de acompañar la imagen de una manera muy precisa y sincrónica, acentuar un gesto o un movimiento, una puerta que se cierra, una persona subiendo escaleras…
- De ahí la importancia del tempo, la velocidad a la que vaya la música, a la hora de dar más o menos sensación de tensión...
Si, definitivamente, y en mi opinión, el movimiento de alguna manera tiene que tener alguna relación con lo que se ve, el montaje, los encuadres… Y ahí es donde encuentro lo divertido de esta profesión: uno puede apostar por algo evidente u obvio y funciona y, a veces apuestas por algo no tan evidente, y funciona también. Es impredecible hasta que uno lo prueba, y para mí tiene algo de fascinante.
- Tan importante como la música es el volumen al que está la música porque también contribuye a crear esa tensión…
Claro y sobretodo que no distraiga. Yo, como espectador y aún siendo mi trabajo hacer música y ser músico, me molesta cuando la música resulta intrusiva o excesivamente protagonista cuando no corresponde. Otra cosa es que caiga en un momento ideal y esté la música a tope, no hay diálogo y no interrumpa, sino que ayude a meterse dentro de esa escena.
- ¿Hay instrumentos para el miedo e instrumentos para el amor?
Si los sabes me lo dices. No, supongo que hay tonalidades, texturas, que nos evocan determinados estados de ánimo… Jugando con mi hijo en el piano, si toco teclas graves le da miedo, y eso es algo muy común en todos. Las tonalidades graves generan un grado de temor y las agudas un grado de ingenuidad. Pero también es divertido encontrarle la vuelta a no siempre caer en lo necesariamente evidente. A veces vale y otras veces es bonito sacar algún tipo de contraste.
- Para terminar y como curiosidad, eres más de cuerda, de percusión de viento…
Soy más de texturas, me encanta y me fascina buscar sonoridades y encontrar que la mezcla, la orquestación, genera eso. A veces hay mezclas curiosas que las escuchas e intentas adivinar qué es y cuando lees la partitura, descubres que eran cuatro trombones, tres chelos y una viola y dices “que raro, no se me hubiera ocurrido”. Me gusta la mezcla en general.


