Baltasar Garzón existe
Les voy a decir una cosa.
Cautelarmente
Ni un milímetro se ha movido la losa del Valle de los Caídos. Ni Franco ha salido de su tumba, ni la Falange se ha impuesto a la Democracia ni las familias de las víctimas del franquismo han perdido uno solo de los derechos que tienen reconocidos por ley. Ni la dictadura, indeseable, ha sido absuelta ni Baltasar Garzón Real ha sido declarado culpable de nada. Todo lo que ha sucedido esta mañana es que se ha aplicado lo que el ordenamiento marca. Aquel juez que sea procesado y vaya a ser, por tanto, objeto de juicio queda apartado temporalmente de su juzgado hasta que el tribunal que lo juzgue resuelva. Se llame el juez como se llame y tenga la relevancia pública que tenga. La decisión del Consejo General del Poder Judicial no tenía ya más vueltas. Si Garzón está procesado, Garzón había de ser suspendido. Cautelarmente.
Subrayemos la palabra porque el apartamento del juzgado ni presume culpabilidad ni merma el derecho que el juez sigue teniendo a ocupar su plaza caso de que, terminado el juicio, salga absuelto. Que es como Garzón cree que saldrá, porque él mantiene, y muchos juristas con él, que es inocente del delito de prevaricación que se le imputa. A las sentencias judiciales no se llega ni por votación popular, ni haciendo acopio de opiniones de juristas más o menos afamados, ni en sonadas asambleas en recintos universitarios. A las sentencias llega el tribunal al que le corresponde llegar y es él el único capacitado para emitirlas.
Han venido los del FMI
Hay unos señores con corbata y maletín que han venido a España a vigilarnos. No se les reconoce fácilmente, porque no llevan escrito en la frente “somos del FMI”, pero si acaso alguno de ustedes se cruza con ellos a la puerta del Banco de España o en un semáforo, hagan un esfuerzo y pónganles buena cara, porque estos son los que nos avalan. Bueno, mejor que buena cara pongan cara de estreñimiento, de llevar ya el cinturón tan apretado que les cuesta respirar, cara de agobio, de sacrificio, de sudor, de sangre, de lágrimas. Que vean que nos lo hemos tomado en serio. Si no el gobierno (que ahora ya parece que sí, que sí que sí), al menos los ciudadanos que hemos acabado entendiendo de qué va esto. Hay unos señores del Fondo Monetario Internacional que han venido a intercambiar impresiones con el gobierno de España. Es verdad que lo hacen todos los años, y en todos los países, pero digamos que este año, y en este país, la visita tiene, como Sevilla, un sabor especial. Porque el Fondo Monetario aporta 250.000 millones de euros a la bolsa ésta común que ha creado Europa por si alguno de los países en situación más apurada, es decir, España, necesitara pedir oxígeno para evitar que se tuerza del todo su balanza de pagos. Como bien saben los griegos, cuando un país llama a la puerta del FMI para pedir prestado, ha de presentar a cambio un plan de estabilidad, que es el armonioso nombre que se le pone a lo que, en realidad, es una monumental bronca.
Viajando, explorando y colonizando.
De todo lo que dice Stephen Hawking, astrofísico británico respetado en todo el mundo, lo más duro es esto de que, para entender cómo la vida inteligente puede convertirse en lo peor de lo peor sólo tenemos que mirarnos al espejo. El hombre no sólo es un lobo para el hombre, es un lobo para las demás especies, para la Naturaleza y para el Planeta. Hace tiempo que tiene escrito que, al paso que vamos, la Tierra se irá al infierno y la especie humana con ella, salvo que encontremos otro mundo habitable al que irnos mudando. Su pronóstico es que estamos condenados a irnos aunque aún no lo sepamos, bien porque nuestro planeta se vaya volviendo inhabitable, bien porque acabemos montando una guerra nuclear o algo parecido. Allá por el 2006, el amigo Hawking recomendó a la NASA que impulsara la creación de una base permanente en la luna para tenerla lista, como muy tarde, en veinte años y poder dar, desde ahí, el salto a la colonización de Marte en no más de otros veinte años. Y luego seguir viajando, explorando y colonizando.
El hombre que hizo realmente universales los JJOO
Siempre llevaba en el bolsillo una castaña. Para tocar madera. Lo contó Azuara anoche, en Al primer toque, cuando ya se intuía que la vida de Juan Antonio Samaranch llegaba a término. Esta mañana falleció, 89 años después de venir al mundo, uno de los hombres más influyentes, más respetados, más apreciados y más agasajados que ha dado España en el último siglo. Juan Antonio Samaranch Torelló, presidente de honor del Comité Olímpico Internacional, presidente de honor de la Caixa, y figura señadísima de la sociedad catalana. Es el hombre que hizo realmente universales los Juegos Olímpicos; el que se las vio con Gromiko por el boicot soviético a los juegos de Los Ángeles; el que hizo posible que Barcelona organizara los mejores juegos de la Historia; el hombre que convirtió el COI en un lobby enormemente poderoso y en una máquina de hacer dinero; el hombre que hizo del olimpismo una religión, o casi, con una iglesia de la que él era el Papa; el hombre que hizo sonar el nombre de España en rincones donde nunca antes había sonado; y el hombre que antes había hecho carrera política en el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona, en la delegación nacional de Deportes y en las Cortes española, que en aquellos años, obviamente, eran las Cortes franquistas.
Asuntos pendientes
Ahí siguen. Los magistrados del Constitucional resolviendo asuntos pendientes. A las una y diez minutos de la tarde, dicen las crónicas, Ramón Pérez Tremps, magistrado del Tribunal que, al estar recusado, no puede participar del debate y votación sobre la sentencia del Estatut, ha abandonado la sala para que diera comienzo la deliberación sobre el quinto borrador de sentencia que examina el pleno. Son diez los hombres, y mujeres, sin piedad, como el título de aquella película de Sidney Lumet, que tienen la obligación de establecer si el nuevo Estatuto encaja en el marco de derechos y deberes que es la Constitución, o lo sobrepasa en alguno de sus términos. La película de Lumet, en realidad, se llamaba “Doce hombres enojados”, o “enfadaos”, y algo enojados sí que deben de estar los magistrados del Constitucional por la lluvia de críticas que vienen sufriendo a la eternidad que están tardando en llegar a puerto. Seguramente porque el debate (la deliberación) no versa sólo sobre lo que el texto dice sino también, implícitamente al menos, sobre las consecuencias o el significado político que se le va a dar a lo que ellos resuelvan.
Agarrados a la toga de Garzón
Va a resultar que no era la propuesta lo que molestaba, sino quién la hacía. No era la idea, sino quién la proponía. Viendo, leyendo y escuchando, la vehemencia con la que los líderes de UGT y CCOO rechazaron, de manera casi airada, la posibilidad de abaratar el despido cada vez que fue mencionada por cualquier empresario, cualquier economista o cualquier gobernador del Banco de España, cabía pensar que hoy convocarían a la prensa para decir, con la misma vehemencia, “ah, no, por aquí no vamos a pasar, si el gobierno quiere abaratar el despido, con nosotros que no cuente”. Pero no ha habido ni convocatoria ni vehemencia alguna en las valoraciones (eso lo ha reservado Cándido Méndez para su campaña de descrédito del Tribunal Supremo): todo lo que han dicho sobre la propuesta del gobierno es que la van a estudiar.
Luis Bárcenas, tesorero en standby
Se repitió la historia. Primero fue que no, que no, que no, que no hay nada contra mí, que puedo acreditar mis ingresos, que no soy L.B. y que por qué voy a quitarme de en medio. Y acabó apartandose temporalmente del cargo y dejando de acudir a la sede del partido con el argumento de que no quería que su formación política resultara dañada. Ahora ha vuelto a ocurrir. Hasta ayer todo era que no, que no, que el sumario no aporta nada nuevo y que por qué va a tener que cambiar entonces la situación del tesorero, o tesorero en standby Luis Bárcenas. Y al final ha pasado lo que tenía que pasar, que la presión de dirigentes regionales del partido, la convicción de la secretaria general de que había que hacer algo, y la práctica unanimidad mediática respecto de la extraña circunstancia de que a Bárcenas se le estuviera tratando con guante de seda, a diferencia de lo que ocurrió con otros, ha llevado a Rajoy a hacer lo que hasta ahora no había hecho, que es suspender de militacia al tesorero, buscarle sustituto y despedirle, ahora sí, del cargo. La versión oficial dice que la iniciativa de irse partió de Bárcenas. Es la fórmula que siempre ha preferido el PP, que sean los imputados los que voluntariamente, en un rapto de lucidez y de enorme generosidad, pidan ser desterrados. Bárcenas pide que le dejen irse del todo y la dirección del partido se limita a decir: “sea”. Y se acabó ---o en eso confían--- lo de ver a Bárcenas cada día en las primeras páginas. Ahora que la decisión ya está tomada, se animan a decir en público los demás dirigentes populares lo que hasta ahora sólo admitían en privado, que la publicación del sumario habia sido la puntilla para una situación insostenible. ¿Cuál? La de Bárcenas...
Garzón se acostumbró a cruzar la línea roja
Son tres los casos. Pero basta que sea procesado por uno de ellos para que, automáticamente, se le suspenda en su ejercicio profesional hasta que se celebre juicio y haya sentencia. El Consejo General del Poder Judicial va a poder ahorrarse el debate sobre si cabe suspender, o no, a Baltasar Garzón por estar imputado de prevaricación en el Tribunal Supremo. El debate cabe cuando sólo existe imputación, pero habiendo procesamiento, la ley obliga a que el juez afectado sea apartado cautelarmente de su juzgado. El juez Dívar, que preside el Poder Judicial, optó por ganar tiempo a la espera de que alguno de los jueces del Supremo que instruye casos contra Garzón tomara decisiones al respecto. Y la noticia, hoy, es que uno de esos jueces, Luciano Varela, ha comunicado el procesamiento. El juez rechaza la última petición de pruebas que había realizado Garzón y procede a sentarle en el banquillo. Garzón será juzgado. Circunstancia que no presume su culpabilidad pero que sí supone su apartamiento automático de la Audiencia. “Los jueces ---dijo Garzón hace menos de un mes--- somos como cualquier otro ciudadano. Tenemos que cumplir las normas y ahora me toca estar en esta posición, aunque creo que no es la que debería tener. Lo asumo y me defenderé". Quién mejor que un juez que lleva veinte años instruyendo sumarios en la Audiencia Nacional para entender que es así como funciona el sistema. Si alguien te denuncia, si el tribunal correspondiente admite esa denuncia y el juez encargado de investigar el asunto encuentra que hay indicios de que has cometido un delito, se te procesa, se te juzga y se declara, bien tu culpabilidad ---en cuyo caso pagas por lo que has hecho--- bien tu inocencia ---en cuyo caso sigues haciendo lo que hacías porque ha quedado establecido que no te saltaste la ley a la torera---. Es lo que hay. Lo mismo que les pasa cada año a miles de ciudadanos en España ---que se los investiga, se los procesa y se los juzga--- le pasa ahora a un juez de la Audiencia Nacional. Y si no fuera porque es Garzón ---y porque todo lo que tiene que ver con Garzón genera enorme ruido--- no estarían algunos diseccionando políticamente a los denunciantes, al juez del Supremo que instruye el caso y a los tres jueces de la Sala de ese Tribunal que avalaron el trabajo del instructor y abrieron camino para que llegue a celebrarse el juicio.
Veinte negritos fueron a deliberar
Diez negritos fueron a cenar, uno se ahogó y quedaron nueve. Nueve negritos fueron a dormir, uno no despertó y quedaron ocho. Ocho negritos fueron a cortar leña con un hacha, uno se cortó en dos y quedaron siete. La canción sigue, hasta que el último negrito que queda solo se ahorca y ya no queda ninguno. “Los diez negritos”, la novela que escribió en el año 39 Agatha Christie y que, de haberse escrito hoy, tal vez hubiera tenido como escenario el numero ocho de la calle Marques de la Ensenada de Madrid, el viejo edificio que antes fue Liceo Francés y antes aun un teatro que se incendió y que hoy es sede del Consejo General del Poder Judicial. No son diez sino veinte los negritos de este Consejo, veinte más el presidente, que se llama Carlos Dívar. Está por ver cuántos quedan en pie una vez que el serial Garzón haya agotado sus últimos capítulos. Veinte negritos fueron a deliberar, uno se quitó de en medio y quedaron diecinueve.
El chorizo, que pague
Aún no estamos en primavera. Tenemos tantas ganas de jubilar este año el invierno que en cuanto sale el sol y deja de llover un día, sacamos del armario las camisas estampadas y nos echamos a la calle a celebrar que “ya es primavera”. En los grandes almacenes, sí, ahí ya ha llegado (porque el calendario que manejan los grandes almacenes lleva siempre varias semanas de adelanto), pero las fechas son las que son y aun nos quedan seis días (los seis últimos días) del invierno. Hay que quemar las fallas antes de saludar la llegada de la primavera, y eso sucederá en la noche del próximo viernes, que es San José, día del padre y fiesta en casi toda España. Y será esa noche cuando las llamas consuman a Fernando Alonso, el renacido Alonso cuyo deslumbrante debut en Bahrein no ha llegado a tiempo para salvar a su ninot del fuego de las Fallas. Esta tarde se supo qué ninot será indultado este año, y no fue el de Alonso en su Ferrari, sino una pareja de falleritos de la falla Exposición (una niña que le está echando la bronca a un niño que está enganchado a la videoconsola). Seguro que el piloto asturiano sabrá perdonar que los valencianos le prendan fuego, porque ellos lo hacen con afecto, no como la prensa italiana hoy con el pobre Schumacher, que lo machacan por no haberse comido un rosco y lo llaman “campeón mundial de la arrogancia” y cosas así.
El secuestro en el Sahel aún no ha acabado
Lo primero, que espero que el Madrid resuelva bien y pronto la eliminatoria de la Champions porque, si hay prórroga, nos quedamos sin Brujula a las once y sería una pena que, por primera vez en las últimas tropecientas noches, no pudiéramos glosar la controvertida figura del juez Garzón y el empeño de su club de fans, por un lado, y su club de damnificados, por el otro, de dividir España en dos bandos: los pro Garzón y los anti Garzón. Sólo falta que el Parlamento catalán se ocupe del asunto y convoque a jueces, abogados, conferenciantes, políticos y procesados para que debatan públicamente si hay que prohibir que Garzón siga existiendo. En lugar de exhibir un estoque y una banderilla deberían llevar unas esposas y un auto de Garzón. “¿Acaso esto no duele?”, preguntaría el compareciente. Pues hombre, depende. A los damnificados claro que les duele, pero mientras el Tribunal Supremo no diga lo contrario (que el temor que tiene Garzón es que lo diga) este juez se ha dedicado hasta la fecha a impartir justicia, o a instruir sumarios juiciales para que luego el tribunal la imparta.
Manteados
Hay costumbres que significan una cosa y también su contraria. Costumbres que los pueblos heredan de padres a hijos y que nadie sabe ni cómo ni cuándo empezaron. Mantear es una de esas costumbres. Cómo empezó no está claro. Qué significa, depende. Si eres Guardiola y te mantean tus jugadores, es un homenaje. No muy cómodo, pero homenaje. Si eres Garzón y te mantea el PP, es todo lo contrario, un gesto de desdén, un castigo, una penitencia. En El Quijote ya aparece la tradición del manteo popular, y en Argamasilla de Alba, donde se dice que residió Quijano, mantean en Semana Santa a Judas Iscariote, por traidor y mala persona. Hay quien dice que la costumbre nació en Italia, en la celebración del carnaval, donde era tradición mantear a los perros y hacerles todo tipo de perrerías. De ahí viene la expresión estar “como perro en carnaval”, o sea, machacado, destrozado, hasta los ladridos. Lo que no está aun investigado es cómo se convierte una costumbre un acto de desprecio, el manteo del pelele, en un acto de ensalzamiento, el manteo de Guardiola, por ejemplo.
... ver entrada completaLuego dicen del nuestro
Luego dicen del nuestro. Luego dicen que el nuestro dice cosas que no debería decir. Como que la buena es Ségolène Ségolène. Como que Angela Merkel es una fracasada. Como que hay que ir a Rusia “a follar”. Luego dicen que el nuestro, o sea, Zapatero, tiende a meter la pata en las relaciones diplomáticas. ¿Y Sarkozy, qué? ¿Qué decir entonces del jefe de la República francesa? Tan pagadito de sí mismo como se le ve últimamente, quiero decir, desde que terminó la secundaria. Que el francés es terriblemente francés, es cosa sobradamente conocida. Es chovinista no tanto de su nación, que también, como de sí mismo. Al lado de Sarkozy, Sánchez Dragó es un tipo humilde. Bueno, al lado de Sarkozy, Aída Nizar es miss modestia, ¿no?. Pero incluso conociendo a Sarkozy, y sabiendo que su mueble favorito es el espejo, ha llamado la atención, ha sorprendido, este desnudo integral que ayer hizo mientras comía, y bebía, con un grupo de diputados y senadores de su partido, y del que hoy ha dado cuenta el diario Liberation.
... ver entrada completaBrasero se la juega
En las distancias cortas es cuando el hombre se la juega. Y en las Semanas Santas quien se la juega es el hombre...del tiempo. Cuando te vas un mes de vacaciones te agobia menos saber si lloverá, te cocerás o hará rasca, pero cuando las vacaciones se reducen, en el mejor de los casos a una semana, y en el peor, a un par de días santos, importa mucho saber lo que te vas a encontrar para irte, por lo menos, mentalizando. Simplificando mucho, la Semana Santa se divide entre los que se van a la playa y los que procesionan: son los dos grupos tradicionales, a los que hay que sumar este año, por culpa de la crisis, una legión de españoles que va a pasar las vacaciones entre el sofá de casa y la terracita de abajo, a base de televisión, salidas cortas, cañas y tapas.
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