12:25 dic 30, 2011 | Jorge Granullaque | General

La vida desde un resort

Nos vamos cuatro días a un resort, a trabajar al complejo IberoStar Bávaro, en República Dominicana. ¿Cuatro días a un resort? ¿A trabajar? ¿Y cómo se trabaja en uno de esos complejos vacacionales en los que prima el relax, el confort, la mente plana y la pulsera “todo incluido” que sirve de salvoconducto para entrar en todos los bares y restaurantes del complejo? 


 (Imagen aérea del complejo IberoStar Bávaro Resort. En primer plano, el Gran Hotel, la gama alta de los cuatro hoteles que conforman el complejo vacacional)
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11:42 dic 04, 2011 | Jorge Granullaque | General

Punta Cana en helicóptero

Una de las mejores formas de conocer una zona es a vista de pájaro, pero como eso de las alas aún no las tenemos desarrolladas, un paseo en helicóptero parece la propuesta más indicada para sobrevolar el sureste de República Dominicana... Por ser clima tropical, República Dominicana tiene grandes playas y frondosos y espesos bosques, como se ve en el despegue de nuestro vuelo en helicóptero ((el sonido es muy malo. Mucho ruido. La calidad del Iphone tampoco ayuda))

El nombre de Punta Cana nace del gran cabo que forma este extremo de La Española (nombre de la isla que comparten Haití y República Dominicana) y de la especie de palmera que crece en el sureste dominicano: la palmera cana, con cuya madera se construyen casas. Un ejemplo de arquitectura elaborada a partir del uso de la madera de la palmera cana es el Aeropuerto Internacional de Punta Cana.

En el siguiente vídeo, que comienza con un vuelo cerca de la línea de costa, a la altura de las palmeras, se ve, además de las diferentes tonalidades del agua, una piscina artificial con mantas raya y tiburones.

 

En la cercana población de La Romana como en la propia Punta Cana, podemos encontrar urbanizaciones de lujo donde famosos, como Julio Iglesias, tienen su mansión. En el vídeo se pueden apreciar los selectos campos de golf, como el de Cap Cana, trazados a lo largo de la costa, entre agua marina, palmeras y arena de playa.

Y lo que escribía antes. República Dominicana es un gran manto verde que se funde con la blanca arena para llegar hasta el mar caribeño.

 

 Fin del viaje!!

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05:01 nov 28, 2011 | Jorge Granullaque | General

Usted, señor, se parece mucho a Antonio Banderas

¿Por qué nos cuesta tanto a los europeos sonreir? Una simple mueca, aunque sea de cortesía. Este año, si no recuerdo mal, he pisado suelo brasileño, tailandés, mexicano y dominicano, además de otros suelos de Europa. Sólo fuera del Viejo Continente (y, por supuesto, de Estados Unidos), atravesar los controles de seguridad y la aduana se convierte en un trámite normal, lógico, de protección de las fronteras. Es el poder de la sonrisa, imprescindible para viajar.
 Una niña vende garrapiñadas en una carretera del norte del país. Foto: Jorge Granullaque
 Después de casi nueve horas de avión, el vuelo de Orbest (grupo Orizonia) aterrizaba en el Aeropuerto Internacional de Punta Cana. Te preparas para el acoso de costumbre. El miedo a atravesar la frontera de un país sin tener nada que ocultar. Bajas del avión a las pistas. No hay “finger”. La humedad caribeña te da la bienvenida. Quizá por eso ya sonríes de forma instintiva, porque aquí ya palpas el destino nada más aterrizar. Eludes la pasarela que te lleva a una terminal carente de sabor, porque usa un lenguaje internacional.


Guardias de seguridad que te dan la bienvenida, personal del aeropuerto que te sonríe. ¿Dónde están los gestos serios de otros destinos occidentalizados? Incluso pagas con gusto la tasa de entrada a República Dominicana. Empiezas a no sentirte un delincuente. “Señor, buenas noches. Bienvenido a República Dominicana. Tiene usted que abonar 10 dólares”. Y los pagas.

Siguiente puesto. La Policía de Aduanas. Llevo la iniciativa. Soy yo quien sonríe primero (una técnica usada en otros países y contrarrestada con un “me da igual que seas amable”). Entrego el pasaporte y el resto de la documentación. “Buenas noches, señor”, me dice la agente, con una sonrisa embaucadora. “Bienvenido”.

Último paso. El control de equipajes. Un perro adiestrado juega con los agentes mientras se pasea por entre los viajeros. Fila 1. Me toca. Cruce de “buenas noches” y el agente me dice “Usted, señor, se parece mucho a Antonio Banderas”. Me rio, porque hay gente que me lo ha dicho, aunque yo nunca he visto el parecido. Y en ese juego de parecidos razonables, sin quitar la mirada de mi cara, me revisa la mochila donde llevo la cámara de fotos y el portátil y excluye la maleta. Así da gusto pasear por el mundo. Supongo que no debe ser tan complicado ser amable.


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