05:59 nov 09, 2010 | Luis Rendueles | General

El asesino en serie vuelve a casa


Mató a tres personas en Villarrobledo (Albacete) entre los años 1991 y 1993. Fue detenido, juzgado y condenado a 90 años de cárcel. Pedro Antonio Seco, El Seco para sus vecinos, salió de prisión hace una semana, después de 17 años encerrado. Ahora El Seco vuelve al pueblo, con su familia y con sus vecinos. Hoy contamos quién es ‘el asesino de la mariposa’, como fue bautizado.

ACTUALIZACIÓN (11/11/2010): 'El Seco' vuelve a prisión 

Antes de empezar queremos apuntar que es totalmente legal que este tipo esté en la calle. Y aprovechamos para desmontar algunos tópicos sobre las leyes en España. El Código Penal más favorable para los presos no es el de ahora, ni mucho menos, sino el del franquismo. Quienes fueron juzgados con ese código (todos los que cometieron delitos anteriores a 1996), como es el caso del asesino en serie de Villarrobledo, son los presos que antes recuperan la libertad, sean cuales sean sus delitos.

En este caso hay tres asesinatos y 90 años de condena. Y sale al cumplir 17, así que ha cumplido menos de seis años por cada crimen, como ha dicho el familiar de una de las víctimas. Es injusto, incluso inmoral, pero también es perfectamente legal. Vamos a hacer las cuentas con las leyes españolas de siempre. Hasta 2003, cualquier criminal pasaba un máximo de 30 años de prisión, hiciera lo que hiciera. Y a partir de ahí, y siguiendo, insisto, el código penal del franquismo, a los presos se les descontaban días. Por ejemplo, cada dos días preso, se le descuenta otro de condena. Si trabaja en la cárcel, lo que se llama redención extraordinaria, cada día descuenta otro. Por eso El Seco sale trece años antes de los 30 de condena máxima.

Pero hemos visto que cuando esto ha ocurrido se ha aplicado la doctrina Parot, es decir, se hacen esos descuentos sobre el total de la condena para mantenerles más tiempo en prisión. En casos de terrorismo, como el del etarra Henry Parot que da nombre al método, y algún violador en serie, sí se ha aplicado últimamente. Aquí, el fiscal y la Audiencia de Albacete rechazaron aplicarla, de forma que El Seco ya ha cumplido con la justicia y desde el 31 de octubre es un hombre libre. Eso sí, el delegado del Gobierno en Castilla La Mancha ha pedido ahora que se aplique esa doctrina y el tema se está estudiando.

Vamos a recordar la trayectoria de este hombre, una trayectoria casi exclusivamente criminal. ¿Cuándo y por qué empieza a matar Pedro Seco?

En 1991, Pedro Seco tenía 20 años y vivía con sus padres en Villarrobledo, un pueblo de ahora 28.000 habitantes en la provincia de Albacete. La noche de San Juan de ese año, El Seco, que había tomado unas copas se encontró con otro vecino, conocido –allí casi todos tienen motes– como El Peletes en la calle de La Virgen. Y El Peletes, que se llamaba Pedro José Moreno, tenía 28 años y era marmolista, fue su primera víctima.

Se conocían y habían discutido alguna vez después de alguna juerga. Aquella noche, El Seco le dio dos bofetadas a El Peletes y éste siguió su camino hacia casa cuando de pronto sintió que se le abalanzaban por detrás y algo le apretaba el cuello, tanto que no le dejaba respirar.

Pues leemos la declaración que hizo El Seco dos años después, cuando fue detenido por la Guardia Civil. “No había motivos, pero discutimos de malas. Le eché el cinturón al cuello y le dije, vente conmigo. Llegamos a un descampado debajo del invernadero donde hay unos pinos, le pegué con la mano. Al ver la sangre que le hice cogí una piedra y le di en la cabeza. Le quité la ropa y 22.000 pesetas y me fui a casa”.

Y nadie sospechó de El Seco, entonces, aunque imagino que en Villarrobledo habría mucha alarma cuando se descubrió el cadáver de ese vecino. El Seco siguió en casa de sus padres y con su novia. Al pueblo llegaron agentes de la Guardia Civil que empezaron a indagar. Y lo primero que hicieron fue asombrarse de la enorme violencia que el asesino había usado, había dejado la cabeza de su víctima machacada a pedradas y el cuerpo, incluidos los ojos, lleno de latigazos, supuestamente hechos con la hebilla de un cinturón. Y había abandonado el cadáver casi desnudo boca arriba con los brazos extendidos y los pies juntos, uno sobre otro, como si fuera una mariposa, claro y por eso se llamó operación mariposa a la búsqueda del asesino.

Bien, entonces, la Guardia Civil está investigando ese primer crimen en el año 91 y qué ocurre, ¿el asesino deja de matar? ¿es de esos que saben controlarse como habéis contado aquí a veces?
Ni mucho menos. El Seco no es o no era, ese tipo de criminal. En noviembre de aquel mismo año, el 91, en plena investigación por el primer crimen, Pedro Seco sale por la noche, a la discoteca Equus, a celebrar que el Albacete había ganado uno cero al Barça. Y hacia las cuatro de la mañana se encontró con otro vecino que estaba de juerga, un joven de 24 años llamado José Ballesteros y al que en el pueblo llamaban El Carruña.

Ni siquiera discutieron. El Seco convenció a su vecino de irse a una nave para “fumar un porrito”, según contó el asesino y, sin más, y volvemos a la declaración del asesino en serie…

Escuchen como un psicópata explica por qué mata, con qué frialdad, como este Pedro Seco, que tenía 20 años entonces. Lo explicó así: “saqué el chocolate (se refiere al hachís, claro) y la navaja para partirlo. Sin más, le di dos o tres pinchazos con la navaja. Lo vi mal, sangraba, así que le di muchas más puñaladas, no sé cuántas. Luego cogí una piedra y le di en la cabeza. Le conocía de verlo en la discoteca. No tenía ningún motivo para matarlo. Después le quité un llavero del Real Madrid con las copas de Europa y un monedero”.

Aquí las investigaciones ya se habían centrado un poquito tras meses de trabajo. Había tres líneas principales: que el asesino hubiera tenido algún tipo de trastorno mental o antecedentes de conductas extrañas por la enorme violencia sobre las víctimas, alguna secta, por cómo aparecían los cadáveres, o la posibilidad de un criminal homosexual…

Es políticamente incorrecto, pero durante los años ochenta en Estados Unidos hubo varios crímenes extremadamente violentos cometidos por homosexuales, casi siempre con cuchillos, piedras… Y el FBI acuñó entonces el dicho demás de veinte puñaladas, crimen pasional; más de cincuenta, homosexual”.

Había algo más. Los agentes de la Guardia Civil buscaron crímenes parecidos sin resolver en España y encontraron el de un joven gay, Enrique Villarreal, asesinado en Madrid y uno de cuyos sospechosos había sido un homosexual de Villarrobledo.

Que no era Pedro Seco. Ese sospechoso fue investigado de nuevo, sin éxito. Y entonces empezó también el trabajo de calle. En enero del 92, los agentes, tras muchas horas de patrulla, barra y observación en bares y puticlubs de la zona, supieron que había tres locos oficiales en Villarrobledo, tres tipos que daban problemas y eran violentos. Se llamaban El Sebas, Paco El Cura y Pedro El Seco.

Y el foco estaba ya en esas tres personas. Una de ellas era el asesino, pero entonces no se detiene a nadie…

Todo indicaba que el sospechoso principal era Paco El Cura, también conocido como Paco el Pastor. Los agentes hablaron con su padre, que admitió que el chico le pegaba en sus explosiones de ira. Comprobaron que conocía a las dos víctimas y que había discutido con ellas. Un vecino aseguró que El Cura había tenido relaciones sexuales con él en el mismo lugar del primer crimen…

No hay pruebas contra El Cura, al que siguen vigilando de cerca, tampoco hay más crímenes, de modo que la investigación se estancó hasta el 14 de septiembre de 1993. Ese es el día del tercer asesinato que comete Pedro Seco. Un crimen igual de brutal, aunque algo diferente

En esta caso no mata a un vecino ni conocido suyo de Villarrobledo. Se va a Albacete, donde esa noche hay feria. Y, sobre todo, mata en pareja, aunque según dirían luego los psiquiatras y él mismo, fue El Seco el cerebro y el ejecutor principal de ese crimen.

El Seco está de juerga en Albacete con su vecino Manuel Marhuenda. Bebieron bourbon con coca cola, mucho, y decidieron volver a su pueblo. Negociaron con un taxista, Juan Segundo López, que les iba a cobrar 7.500 pesetas por llevarles a Villarrobledo. Los dos se subieron en la parte de atrás del taxi.

Vamos a contarlo con sus palabras, las del asesino de Villarrobledo. “Íbamos hablando sobre lo que costaba la licencia de un taxi, de mujeres y relaciones sexuales. También de delincuencia, de lo mal que estaba la cosa del taxi y de que nos había cogido porque le parecíamos buena gente. Yo había explicado otras veces a Manuel el placer que daba matar, así que le dije, ¿lo matamos?. Me contestó que sí.”

Cuando pasé Santa Marta –así confesó el asesino– le eché el cinturón al cuello y le dije levanta las manos y para el taxi”. El hombre pensó que era un atraco y les ofreció su dinero y su reloj. La versión que dio Manuel Marhuenda, en efecto un tipo normal que fue condenado a 14 años de prisión por este crimen, fue que cuando él le dijo que no le matara, El Seco le gritó: “cállate o te mato a ti también”. Así lo contó Marhuenda: cogió una piedra y le dio en la cabeza. Luego me mandó ponerme unos calcetines en las manos para conducir y me dijo que no había solución. Me dijo que al llegar a casa me quitase la ropa y la quemase”.

Y otra vez cuando llegan los investigadores el cadáver está casi sin ropa y el cuerpo ha sido dejado boca arriba, imitando una mariposa. Además los familiares advierten que el asesino se ha llevado un reloj marca Lotus chapado en oro. Y que el criminal ha dejado huellas correspondientes a una zapatilla deportiva del número 44.

Los guardias civiles vuelven a mirar a aquel sospechoso antiguo, Paco El Cura, pero tiene coartada. No estuvo en Albacete esa noche y lleva tiempo en tratamiento psiquiátrico y con medicación que le controla relativamente. Así que se comprueba si los otros dos locos oficiales del pueblo, El Sebas y El Seco, estuvieron en Albacete…

Pedro Seco Martínez había sido visto borracho, en la feria de Albacete, con su amigo Manuel Marhuenda. Los guardias civiles los detienen para interrogarlos y los dos confiesan muy rápido. Marhuenda cuenta que su amigo fue a su casa y le amenazó de muerte a él y a su familia si decía algo.

No hay una norma, pero los psicópatas suelen disfrutar, desahogarse o relajarse contando sus crímenes. Uno de los guardias que le interrogó nos contaba que le bastó con pedirle que le enseñara las manos para que el tipo dijera: “sabía yo que en cuanto me viera las manos usted se daría cuenta de que yo soy un asesino”.

Y confesó los tres crímenes, no uno sólo.  Dijo que el taxista no merecía morir, que lo hizo por enseñarle a su amigo Manuel el placer que se siente al matar. Todo empezó cuando su amigo dejó de salir por la noche por miedo a los asesinatos en el pueblo. Una noche Pedro El Seco le llevó al cementerio y le dijo, “los maté yo y a ti no te va a pasar nada porque eres mi amigo”.

Él mismo se definió durante el juicio. Voy a leer lo que dijo: “ver escapar la vida de una persona mientras le aprietas el cuello es una sensación mucho mejor que un orgasmo. Matar es un vicio que no puedo controlar”…

Los psiquiatras han escrito varias veces que es un asesino en serie muy difícil de recuperar, egocéntrico, frío, que actúa por impulsos y es astuto.  Bueno, pues 17 años después de todo eso, este hombre salió de la prisión de Castellón el 31 de octubre pasado. Le esperaba su padre, Félix Seco. Que contó a una periodista de La Tribuna de Albacete que lo recogió y durmió con él la primera noche. Añadió que después su hijo se había ido a Calpe, en Alicante, en busca de trabajo.

Los padres fueron los primeros en sufrir a Pedro Seco, que tenía explosiones de violencia en casa. Su ex novia nunca denunció nada. El padre ha pedido ahora cadena perpetua para su hijo. Y ha dicho una frase que creemos que resume mejor que nosotros el estado anímico de la familia y del pueblo: “el cordero está durmiendo, a ver qué pasa cuando se despierte”.

El tema de los cadáveres con forma de mariposa. Se lo preguntó el sargento de la guardia civil la primera vez que le interrogó y El Seco se quedó mudo. Insistió una y otra vez en que los dejaba boca abajo, sin más, nada de crucificarlos.

Unos días después varios policías locales acudieron a la Guardia Civil y contaron que cuando veían los cuerpos no podían reprimir la curiosidad y les daban la vuelta y los movían para ver quiénes eran las víctimas. Por eso estaban boca arriba y con los brazos en cruz. A veces la literatura criminal es muy prosaica o muy de alpargata.


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Comentarios

Enviado por villarrobledo en noviembre 10, 2010 a las 09:22 PM CET #

el seco ha vuelto a la carcel desde hoy ya estamos mas tranquilos en este lugar

 

Enviado por otro más de vdo. en noviembre 13, 2010 a las 12:06 AM CET #

y espero que para toda la puta miserable vida que le quede a esa mierda de cerebro defectuoso obra del demonio.

 

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Manuel Marlasca

Manuel Marlasca

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